Aunque te sorprenda: No, no me quiero morir.

Los últimos meses nos venimos encontrando con un debate abierto hace muchos años, que nos afecta a las personas discapacitadas de forma directa y alarmante: el Suicidio Asistido. Si bien dentro de esta asociación hay diferencia de opiniones (razón por la que esto es un artículo de opinión) en lo que todas coincidimos es que, en un sistema capitalista, esta opción es un peligro potencial.

Podemos comprender las mil motivaciones que se te ocurrirán para justificar la eutanasia, casos que suponen unos porcentajes ridículos de la población y para los que existen métodos de llevar a cabo una muerte digna. Pero la gente discapacitada somos 1 de cada 7 personas de este planeta, 1 billón de personas según la OMS, y no se puede generalizar nuestras necesidades basándose en casos extremos.

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