Soy Intersexual y ¿CIS?

Las etiquetas significan cosas, efectivamente. Si nos atenemos a la definición simplista de cis, cualquier persona que sea del género que se le asignó al nacer, será cis. Pero esta simplificación tiene un problema muy grande asociado: las violencias que percibimos las personas intersexuales no son las de una persona cis. Y tampoco (en caso de que no lo seas) las de una persona trans. Nos encontramos en tierra de nadie y en esa encrucijada es difícil sentirse cómode con la idea de otro binarismo impuesto. De nuevo volvemos a plantearnos nuestra identidad por el mero hecho de no encajar en lo que nos han dicho que debe ser la norma. Por salirnos de unos moldes que no nos pertenecen porque no fueron construidos para nosotres. Y es que cuando hablamos de las etiquetas, deben ser útiles para definir realidades de forma sencilla. Pero también reflejan cuestiones que tienen mucho que ver con las violencias y los "privilegios" a los que tenemos acceso.

La Fiscalización del Amor

El análisis feminista del Amor Romántico y de cómo afecta a las mujeres en torno a la sexualidad y a su papel dentro de la familia nuclear (monógama y cishetero) es esencial en nuestros días. Es necesario replantearnos nuestras relaciones. No sólo las románticas, sino todas nuestras relaciones. Esta necesidad parte precisamente de evitar reproducir dinámicas aprendidas del sistema capitalista y patriarcal que nos marca las normas de toda nuestra vida hasta el punto de imponer cómo es correcto relacionarnos y cómo no lo es.

Mitos del sexo

Artículo Colaborativo, Autoras: Ariana Alonso Celorio (@eirepandemonium)Teresa Bambú (@bambufem) Hace unos meses introdujimos la temática del sistema Sexo-Género de una manera muy simplificada y que ayuda a comprender de dónde nace la opresión patriarcal sin caer en falacias biologicistas ni liberalidades varias. Sin embargo, teniendo en cuenta lo amplio que es el concepto del sistema... Leer más →

¿Cuarta Ola? No sois dignas.

Nos encontramos ante un momento histórico en el que el feminismo goza de mayor aceptación social y las movilizaciones feministas llenan las calles en contra de la violencia machista a nivel internacional, con un cuestionamiento cada vez mayor del neoliberalismo y una progresiva toma de conciencia de clase. Podemos estar observando la germinación de una nueva ola que las autoras fechan en 2012, pero quizás seis años son pocos para sacar conclusiones firmes. Además, todavía no se han hecho demasiadas aportaciones teóricas innovadoras. No deja de ser llamativo que, desde posiciones completamente identitarias, se esté reivindicando como "cuarta ola" un sector del feminismo extraordinariamente reaccionario, cuyas bases discursivas se basan en la tergiversación de los textos de la segunda ola para justificar su enfoque segregacionista y LGBTfóbico, en una reducción al absurdo de los aportes de la tercera ola que pretenden vender como crítica al pensamiento "posmoderno" y en un profundo anticomunismo traducido en el revisionismo descarado y deshonesto de aquellas teóricas comunistas que, pese a analizar la cuestión de la mujer, fueron críticas con el feminismo de la época. Esto no supone nuevos aportes o paradigmas, sino una degradación de los anteriores. Ya que, de estar inmersas en una cuarta Ola, aquellas que se han aventurado a autodenominarse como tal, como si de una identidad se tratase, no deberían pretender hegemonizarla. No si van incluir en la lucha antes a explotadoras y a fascistas que a las mujeres transgénero. En este artículo analizaremos esta cuestión.

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