Loca, desatada y enfadada.

La violencia cuerdista se ha cobrado innumerables vidas. Siguen atándonos en los psiquiátricos, encadenándonos a una medicación que no está pensada para salvarnos, que quiere doblegarnos. Siguen contándonos la milonga de que el problema es nuestro cerebro que no funciona bien. Y seguimos tragando con esas violencias a diario porque luchar solas a menudo se hace agotador. Nuestra mente no es el problema, nunca lo ha sido. El problema es un sistema feroz que nos devora desde lo más profundo de nuestra alma e identidad para destrozarnos por completo. Nos vende la idea de la individualidad y nos dice que nos tenemos que curar para que nos quieran. Mientras nos hacen imposible estar como supuestamente es estar sanas. Tampoco queremos encajar en esa salud mental que pretenden que traguemos.

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