Soy Intersexual y ¿CIS?

Las etiquetas significan cosas, efectivamente. Si nos atenemos a la definición simplista de cis, cualquier persona que sea del género que se le asignó al nacer, será cis. Pero esta simplificación tiene un problema muy grande asociado: las violencias que percibimos las personas intersexuales no son las de una persona cis. Y tampoco (en caso de que no lo seas) las de una persona trans. Nos encontramos en tierra de nadie y en esa encrucijada es difícil sentirse cómode con la idea de otro binarismo impuesto. De nuevo volvemos a plantearnos nuestra identidad por el mero hecho de no encajar en lo que nos han dicho que debe ser la norma. Por salirnos de unos moldes que no nos pertenecen, porque no fueron construidos para nosotres. Y es que cuando hablamos de las etiquetas, estas deben ser útiles para definir realidades de forma sencilla, ya que también reflejan cuestiones que tienen mucho que ver con las violencias y los «privilegios» a los que tenemos acceso.

Realmente privilegio no es la palabra adecuada: aquí nos referimos a los derechos negados a las personas oprimidas que las personas opresoras sí poseen. Pero seremos hipócritas y simplificaremos con «privilegio».

Como personas Intersexuales, recibimos un mensaje que nos dice que nuestra existencia es errónea, que estamos mal. Que somos patológicas o que hay que arreglarnos para encajar en el binarismo sexual. Y a la vez nos encontramos con que, según lo que encajemos en el molde de nuestro género, tendremos que sufrir las violencias médicas, institucionales, sociales y económicas que también viven las personas trans. Al mismo tiempo que por supuesto tenemos el «privilegio» de que nuestra identidad es reconocida legalmente, nuestro nombre y pronombres respetados y la mayoría del tiempo somos entendides como «normales». Hasta que la disidencia se nos sale por los poros y se encuentra con la violencia como respuesta.

Sexo y Género no es lo mismo

Cuando se utiliza este slogan, los últimos años, es contra nuestras compañeras trans. Sí, las personas transexcluyentes, en especial las TERF, se han apoderado de una frase que llevamos diciendo décadas desde las esferas queer. El género no es lo mismo que el sexo y esto se define maravillosamente aludiendo a la dicotomía sexo-género definida por Gayle Rubin en 1975. Ambas cuestiones son tratadas como sinónimos en una imposición de la normalidad del patriarcado y la cisheteronorma en nuestros cuerpos. Es decir, se asocian unas realidades biológicas dentro de unas identidades de género para crear jerarquías, generalizando sobre diversidad humana e ignorando lo que la ciencia dice al respecto.

La ciencia no define el sexo desde una perspectiva simplista y sesgada, aunque muches científiques tienen esa concepción por su propia ideología. La ciencia cuando habla de sexo, lo hace desde una perspectiva muchísimo más amplia, refiriéndose a las diferencias sexuales entre individuos y no tanto entre géneros. Esto permite hablar de cómo afectan diferentes cuestiones según las hormonas o los carácteres sexuales secundarios. Pero no define en ningún momento una identidad ni una diferencia sustancial entre jerarquías. Es decir, el constructo del sexo se ha creado con una intención de perpetuar y dar valor cientifico a la construcción social del género. El sexo como se conoce socialmente no define todo lo que define dentro de la ciencia, sino que define todas las características generalizadas asignadas a hombres y mujeres para justificar el patriarcado. Al mismo tiempo que también justifica la cisheteronorma, en una extensión del patriarcado sobre la familia nuclear monógama y cishetero.

Cuando hablamos de sexo, también hay otra cuestión que muchas veces pasamos por alto: el diadismo. A las personas intersexuales se nos borra por completo de la concepción social al aludir a un binarismo inexistente en torno al sexo. Y no quiero decir que la intersexualidad sea «un tercer sexo», si no que el concepto de sexo en sí mismo no se puede definir en base a unas ideas simplistas. El sexo es un espectro donde muchas características no encajan en cajas cerradas y son arrojadas a los márgenes y patologizadas. Necesitamos abolir esa idea absurda del sexo como jerarquías justificadas biológicamente sobre las que se construye una opresión sistemática. Empezando por el propio feminismo. Es ridículo que todavía a día de hoy tengamos que explicar que el sexo y el género no son lo mismo y que ambos son constructos sociales. Es ridículo que sigamos aceptando como válido todo lo avalado por las ciencias «puras» sin tener en cuenta las ciencias sociales. Ignorando, oportunamente, que todas las ciencias están al servicio de la ideología predominante.

Necesitamos abolir esa idea absurda del sexo como jerarquías justificadas biológicamente sobre las que se construye una opresión sistemática

También parece curioso ignorar que precisamente esta construcción del sexo en base a un molde rígido, nos daña a todes. Porque es en base a esas ideas que se imponen también unas normas estéticas en torno a lo que sexualmente es aceptable en mujeres y en hombres. Violentando de forma sistemática también a todas aquellas personas cis y endosexuales (no intersexuales) que se salen de la norma. Pero el propio sistema nos hace ver cómo nuestres enemigues a nuestres compas en lugar de al sistema.

Ipso es la alternativa

Ante estas incongruencias lícitas y tácitas respecto a nuestra identidad y respecto a los sufrires y las heridas heredadas de las etiquetas que nos forman, surge una etiqueta paralela. Que describe una realidad muy concreta y muy necesaria de definir. Porque, de nuevo, las etiquetas significan cosas. La etiqueta de ipso no tengo ni idea de dónde surge, no sé quién la acuñó, no sé si me caerá bien. Simplemente sé que la necesitaba. Ipso define a toda aquella persona intersexual que es del género que le fue asignado al nacer.

Es decir, hace referencia a todas esas personas que, aunque sufren violencias similares a las que sufren las personas trans, no son discordantes en torno al género que la sociedad les atribuye. Y la verdad es que, aunque la mayoría de gente ni sepa de su existencia, es bastante necesaria de cara a definir necesidades específicas de las personas intersexuales. Necesidades que quizá compartimos con les compañeres trans de nuestro propio espectro del género, o no. Porque no podemos atribuir a las personas intersexuales unos privilegios cis que no tenemos, ya que a nosotras también nos violentan en valor a nuestros genitales, nuestra expresión de género o nuestros carácteres sexuales secundarios. Las violencias que experimentamos son muy similares a las de las mujeres trans, pero con nuestros documentos reconociendo nuestro nombre y género vivido.

Conclusiones

Aunque esta etiqueta ipso es muy necesaria para hablar de cuestiones específicas de las personas Intersexuales, no es muy conocida. Al final también debemos adaptarnos a quién nos escucha o lee y sabemos que cis va a ser lo que más se use. Pero la realidad es que las personas Intersexuales no somos cis, porque no tenemos esos «privilegios». Y no hay nada de malo en simplificar nuestros discursos, ojo. Pero en materia académica es necesario hablar con propiedad y dar a conocer las alternativas y la terminología correcta para las realidades intersexuales.

Es hora de escuchar a les activistas intersexuales y aprender de nuestras realidades. Porque muchas violencias contra nosotres siguen ocurriendo delante de nuestros ojos.

Es hora de escuchar a les activistas intersexuales y aprender de nuestras realidades. Porque muchas violencias contra nosotres siguen ocurriendo delante de nuestros ojos.

Bibliografía

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