Ciencia y género: una brecha todavía sin cerrar

Durante nuestra educación escolar y en nuestro entorno familiar, se viene haciendo hincapié en la coeducación y que independientemente de nuestro género. Podemos elegir la carrera que deseemos, incluidas las relacionadas con la ciencia y la tecnología. A muches nos suenan nombres como Margarita del Val, a quien conocemos por su papel divulgador durante la pasada pandemia COVID19; y muches científiques agradecen la labor de Alexandra Elbakyan, por haber eliminado barreras en el acceso a artículos científicos. Sin embargo, bien entrado el siglo XXI, todavía se observa discriminación por razón de género en las carreras llamadas STEM (en inglés, Science, Technologies, Engineering and Mathematics), no solamente a la hora de acceder a ellas, sino también a lo largo de nuestra vida profesional.

Bien entrado el siglo XXI, todavía se observa discriminación por razón de género en las carreras llamadas #STEM (en inglés, Science, Technologies, Engineering and Mathematics) no solamente a la hora de acceder a ellas, sino también a lo largo de nuestra vida profesional.

Sí que es cierto que ya no está bien visto (por lo general) impedir que una mujer elija una formación de este tipo como les pasó a nuestras madres y abuelas. Aquellos tiempos en que las mujeres no eran aceptadas en las Universidades, parecen lejanos. Pero no es hasta 1910 que las mujeres pudieron acceder a la Enseñanza superior en España, en igualdad de condiciones. Antes de esa fecha, existia un vacío legal, prohibiéndose desde 1882 hasta 1888 en que se permitió que pudieran acceder, pero solamente a la enseñanza privada. Lo que constituyó, además, una barrera de clase. De esta época tenemos referentes como Dolors Aleu, que fue la primera en ejercer la medicina en nuestro país, pero cuyos trabajos fueron destruidos por su marido; o Elena Maseras, que fue la primera que pudo matricularse en la Universidad para estudiar medicina, pero que no pudo ejercer esta profesión y tuvo que dedicarse a la enseñanza (una situación que, tristemente, siguen viviendo muchas mujeres hoy en día).

El acceso a la ciencia

Aunque según el informe de la OECD de 2017, se ha producido un aumento en el acceso de las mujeres a la educación, superando incluso el porcentaje de hombres que reciben educación superior, debemos tener en cuenta que esta cifra esconde grandes diferencias entre paises. En el caso de las llamadas materias STEM, se ha documentado la segregación por razón de género durante décadas en informes como el del Foro Económico Mundial, que muestran una representación femenina significativamente menor en estos campos. Esta segregación es más notable en carreras como la informática o la tecnología, mientras que en carreras como la química o la biologia sí que hay más mujeres matriculadas.

Las razones para estas diferencias son variadas: la falta de referentes entre les adultes de su entorno, tanto docentes como familiares; las diferentes expectativas para les niñes en función del género por parte de les adultes, la falta de estímulos (aprobación) para las niñas que muestran interés por materias cientificas; y también la falta de reconocimiento entre iguales, aún cuando las chicas o mujeres muestran un mayor conocimiento en la materia (no son pocas las mujeres que reciben mansplaining en sus ámbitos de especialidad, por parte de sus compañeros masculinos). Todavía hoy, en nuestras cabezas, existe una imagen estereotipada de las matemáticas y las ciencias como un dominio masculino, que afecta a les jóvenes en la elección de sus carreras e intereses; no solo eso, sino que además, las «habilidades» requeridas para ciencia son identificadas como «atributos masculinos» tales como el pensamiento lógico frente el pensamiento emocional, más propio de mujeres (lo que constituye un ejemplo de micromachismo).

A estos factores, debemos sumarle una menor autoestima de las chicas y mujeres en lo que se refiere a sus capacidades científicas, generando un efecto de «pescadilla que se muerde la cola», ya que esa autopercepción condiciona a su vez que a menudo, rindan peor en estas materias y que por tanto, disfruten menos cursándolas durante su educación, decidiéndose por otras opciones. Hablamos de un fenómeno bidireccional: Por un lado la sociedad no da reafirmación a las niñas y adolescentes que les gustan estas tareas, ellas interiorizan que no son «suficientemente buenas», lo que genera en ellas una sensación de invalidez constante. Y esta percepción afecta a cómo desempeña su trabajo a todos los niveles, ya que genera respuestas fisiológicas tales como ansiedad, estrés e incluso padecimientos psíquicos derivados de esa invalidación.

La carrera científica: palos en las ruedas

Según datos recogidos en la web de UNICEF por Andaleeb Alam (2020), otros factores que disuaden a las mujeres para acceder a carreras en ciencia, es la percepción de las condiciones laborales, tal y como se muestra en el gráfico: haber experimentado discriminación por género en el trabajo, recibir menos sueldo por el mismo trabajo, sentirse aislades en el entorno laboral, ser tratades como inferiores en el trabajo, haber experimentado ofensas/humillaciones, haber recibido menos apoyo de sus superiores, haber sufrido acoso, pensar que su género les haría más dificil triunfar profesionalmente, o haber sufrido abuso sexual… En todas estos ejemplos de violencia, las mujeres afirmaron haber sufrido estas situaciones en mayor porcentaje que los hombres. Por el contrario, cuando se preguntaba si consideraban que las mujeres eran tratadas de forma justa en la contratación y en el puesto de trabajo, o en la promoción y el desarrollo de su carrera, un mayor porcentaje de hombres que de mujeres pensaba que esto ocurría así. De este modo, se muestra que sigue existiendo un marcado sesgo de género en la acogida de las mujeres en entornos científicos, y en la percepción de este sesgo, que a menudo es ignorado por parte de los hombres. Esta discriminación también hace que las mujeres abandonen la carrera científica con mayor frecuencia que los hombres: un 50% de mujeres abandonan la carrera cientifica a la edad de 35 años, en comparación con el 20% de abandono en otros trabajos.

Sigue existiendo un marcado sesgo de género en la acogida de las mujeres en entornos científicos, y en la percepción de este sesgo, que a menudo es ignorado por parte de los hombres.

Gráfico: Género en ciencia. En el eje vertical, porcentajes, en el horizontal, diferentes situaciones que son percibidas de forma diferente por hombres y mujeres, En columnas amarillas, las percepciones de hombres y en morado, las de mujeres ante cada situación. Fuente original: UNICEF (2020)

¿Que no hay discriminación? Le voy a dar un dato…

O mejor dicho, bastantes datos que corroboran la afirmaciones anteriores, ya que han sido varios los estudios que se han centrado en estos sesgos de género en el mundo científico.

Para comenzar, varias de estas percepciones fueron corroboradas sen un informe elaborado para la Comisión Europea en 2008, dentro de los Planes de Acción de Género (GAPs), que fue publicado posteriormente de forma abierta en la revista de la European Molecular Biology Organization (EMBO) del grupo editorial Nature. Los datos, obtenidos en una encuesta, mostraron que para las mujeres científicas era más difícil acceder a puestos de responsabilidad y que la mayor parte de estos estaban ocupados por hombres. Además, las mujeres tenían condiciones laborales más precarias, con menor estabilidad. Lo que implica que las mujeres participan de forma más activa en las primeras etapas de la carrera científica, pero como decíamos antes, tienden a abandonarla con mayor frecuencia que los hombres. Una de las razones esgrimidas por les científiques son las condiciones laborales, con jornadas largas que hacen difícil conciliar el trabajo con los cuidados y la vida familiar. El estudio confirmó también la diferencia entre las percepciones de los hombres encuestados, frente las mujeres, a la hora de describir estos sesgos, que puede implicar que no se dan cuenta de esta discriminación, pero también que prefieren ignorarlo y/u ocultarlo.

Aunque este estudio pueda parecernos lejano en el tiempo (pues tiene casi 14 años), lo cierto es que la situación no ha mejorado mucho. Esta diferencia se hizo especialmente visible con la primera oleada de la pandemia COVID en 2020. En un entorno en el que la premisa es «publica o perece» (publish or perish, en el original inglés), las científicas enviaron menos manuscritos que sus colegas masculinos, y publicaron menos que ellos. Esta diferencia era incluso mayor en las científicas más jóvenes y en etapas más tempranas de su carrera; si tenemos en cuenta que para les científiques, ser contratades o recibir financiación depende en gran medida del número de artículos publicados, esta diferencia puede aumentar (aún más) la brecha de género en la academia. La razón, de nuevo, la desigualdad en el desempeño de las tareas domésticas y de cuidados, que suele recaer en las mujeres, también en el ámbito STEM. Tal y como mostró un artículo en la revista científica PNAS: el estudio realizado (a través de encuestas a científiques en EEUU) reflejó que la carrera científica es dificil de compaginar con las obligaciones familiares, el porcentaje de mujeres científicas que abandonó su puesto en campos STEM fue del 43% frente el 24% de hombres. Algo antes, en 2019, otro estudio publicado en la revista The Lancet basado en datos obtenidos en Canadá, también indicó que las mujeres salían perjudicadas cuando la revisión de las solicitudes evaluaba al solicitante, y que los investigadores hombres tenían más posiblidades de recibir financiación.

Abuso sexual: el «Me too» en el ámbito científico

Una de las razones para que las mujeres tengan menos representación en el campo STEM, es haber sufrido abuso sexual en el puesto de trabajo. Así, un artículo de 2014 en Science, mostraba que las mujeres eran 3.5 veces más propensas a recibir este tipo de abuso. Sobre todo las estudiantes, contratadas posdoctoctorales, o empleadas de menor rango que sus asaltantes, y se concluía que estos comportamientos no eran más que el reflejo de las dinámicas de poder, en un ambiente que normaliza y permite este tipo de comportamientos. Posteriormente, un artículo de 2018 en Nature reflejó que el acoso sexual en el ámbito académico de los EEUU tenía una prevalencia del 58%, solo inferior al que ocurría en el ámbito militar, y que afectaba sobre todo a mujeres racializadas así como a personas LGTBIQ; si bien en este estudio se incluían actitudes machistas como la humillación o el desprecio, dentro de la categoría de acoso sexual, y no solamente la atención sexual no deseada, el contacto o el chantaje sexual.

2018 fue de todos modos el año del #MeToo, y contribuyó a concienciar sobre este problema también en la ciencia, incluso resultando en cambios en políticas internas que siguen siendo insuficientes. El detonante fue la publicación de un informe por la Academia de Ciencias norteamericana. Tras varios casos de abuso sexual ejercidos por científicos de gran prestigio en diferentes universidades de aquel país, que trataron de defenderse con el argumento de la «caballerosidad» al ser acusados de contactos, insinuaciones y chantajes por otras investigadoras. Recientemente, este tema ha cobrado una mayor fuerza en los medios, tras la publicación del libro Acoso. #MeToo en la Ciencia española, escrito por la cientifica y periodista de ciencia Ángela Bernardo.

Y es que por mucho que queramos revestir al mundo científico de un halo de «superioridad», lo cierto es que no es ajeno al resto de la sociedad. Dentro de él sigue habiendo una fuerte jerarquía. Predomina el liderazgo masculino, y la precariedad, como ya hemos indicado, es el «pan de cada día» en los contratos, sobre todo para las científicas .

Conclusiones

En los ultimos años, han surgido varios proyectos, algunos financiados por programas europeos como Erasmus+, que pretenden fomentar un mayor acceso de las mujeres a las carreras científicas; además, se ha consagrado el 11 de febrero como el Dia de la Mujer y la Niña en la ciencia. Sin embargo, estas buenas intenciones chocan contra la realidad, cuando se trata de encontrar un empleo, financiación para los proyectos, o desarrollar el trabajo día a dia junto con la vida personal.

Todavía queda mucho que progresar para eliminar el machismo en la ciencia. Que por supuesto, y aunque no hemos profundizado en este post, se entrecruza con discriminaciones de otros tipos (raza, clase, discapacidad, pertenecer al colectivo LGTBIA, etc).

También debemos tener en cuenta que la brecha de género en ciencia no solamente se refiere a las condiciones de trabajo: el mero hecho de estudiar unos temas, y no otros, y las metodologías que se utilizan constituyen también un rasgo de sexismo, que hemos tratado en otros posts. El hecho de que las mujeres tuvieran un papel secundario, sobre todo en las posiciones más altas, ha podido tener un papel notable en decidir estos temas, y cómo debían ser abordados.

La brecha de género en ciencia no solamente se refiere a las condiciones de trabajo: el mero hecho de estudiar unos temas, y no otros, y las metodologías que se utilizan constituyen también un rasgo de sexismo #Ciencia #Perspectivadegenero

Referencias

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