Las Alianzas Tullido-Transfeministas

Artículo coescrito por @eirepandemonium y @elhectro2

Siempre hablamos de estos dos mundos como dos cosas completamente diferentes, pero precisamente dentro de las teorías y estudios queer-crip se muestra su intersección de manera innegable. A menudo, entre compañeras discas, locas, no binaries y trans, encontramos que nuestras vivencias son similares. Pero nos sentimos mal al compararlas por si alguna compañera se siente invisibilizada o por si hiciéramos de menos su situación. Sin embargo, la intersección siempre suma y nunca resta. Las alianzas entre mujeres y personas no binarias que además son discas o locas son el pan nuestro de cada día y, en muchos casos, nos ha salvado la vida.

Poder compartir con alguien que no juzga tus vivencias y encontrarte con que te entiende mucho mejor de lo que esperabas, simplemente porque compartís múltiples cuestiones que parten de prejuicios similares, es sanador. Muchas encontramos consuelo en poder entendernos entre nosotras.

Poder compartir con alguien que no juzga tus vivencias y encontrarte con que te entiende mucho mejor de lo que esperabas, simplemente porque compartís múltiples vivencias que parten de prejuicios similares, es sanador. #AlianzasTullidoTransfeministas

Sensualidad y Sexualidad

Es fácil hablar desde tu cuerpo cuando este no es un blanco de violencia, es fácil empoderar la desexualización de tu realidad cuando esta es válida dentro de su sexualidad también. Pero cuando nos encontramos con cuerpos que nunca han sido objeto de deseo, que no comprenden o no son comprendidos en su disidencia y su propia sensualidad, ya no resulta tan sencillo hablar de una desexualización de nuestras vidas.

Nos educan para que nuestra autoestima dependa de cómo se nos ve desde fuera, del reconocimiento externo, y no de nuestra verdadera valía. Y es que si alimentas la idea de que nuestros cuerpos de mujer jamás van a ser suficientemente buenos para la sociedad, al final el capitalismo se enriquece a costa de aquello que uses para intentar cambiarlo. Es inverosímil negar en este sentido, por ejemplo, que precisamente las operaciones que se hacen a mujeres y otras realidades no binarias para poder encajar en la cisnorma y esquivar violencia son una parte más de estos cánones de belleza asesinos que nos destrozan la autoestima. Y de la misma manera las discas. ¿Cuántas de nosotras buscamos ocultar los signos visibles de nuestra discapacidad precisamente para intentar encajar mejor en nuestra identidad de mujeres? Esta idea de la belleza y del deseo nos daña de forma directa, lo que hace que nuestros cuerpos y nuestras identidades necesiten explorar esa sensualidad y sexualización.

Aunque para una persona que no vive esta situación pueda sonar contradictorio, para nosotras es empoderante en sí mismo explorar dicha sensualidad. Vernos a nosotras mismas como deseables, sexis, guapas y sensuales. Descubrir nuestro placer desde una óptica disidente que busque no servir al capitalismo patriarcal, sino romper con un régimen capacitista y tránsfobo que nos desexualiza. Necesitamos hacer las paces con nuestro cuerpo para que no gane el capitalismo, para no seguir buscando la aprobación a través de cirugías, cosméticos, tratamientos médicos o cualquier otra cosa. Ser válidas independientemente de nuestro aspecto, pero también poder mirarnos al espejo sin sentir que somos peores que otra compañera solo por existir.

Descubrir nuestro placer desde una óptica disidente que busque no servir al capitalismo patriarcal, sino romper con un régimen capacitista y tránsfobo que nos desexualiza. #AlianzasTullidoTransfeministas

Esto se manifiesta también en cómo somos percibidas por parte de otras personas en un contexto sexual. Igual que todo el mundo, podemos tener deseo sexual (salvo les compañeres asexuales) y desear una vida sexual activa sin ser menos personas por ello. Sin embargo, hay actitudes tanto de infantilización o desexualización como de fetichización, opuestas entre sí e irreales pero muy extendidas en el ideario colectivo sobre muchos grupos minorizados. Trans, discas y locas no somos una excepción.

La infantilización puede ocurrir de maneras más o menos sutiles, con matices diferentes entre discas o locas y trans, pero el resultado es similar. Se nos veta de la posibilidad de ser activas y/o atractivas sexualmente (e incluso románticamente), como por ejemplo al asumir que las discas más que una pareja buscan una cuidadora, o al sistemáticamente señalar que una chica trans es mona, pero no se tendría nada con ella.

En el otro extremo está la fetichización, en la que se reduce a la persona a un mero objeto de deseo por el hecho de pertenecer a un grupo minorizado. Por ejemplo, es relativamente común la hipersexualización de las locas por el simple hecho de serlo, incluso en series de televisión. Otro ejemplo claro es el de los chasers, personas que sienten una atracción sexual fetichizante hacia las personas trans y, por ello, se dedican a seguir en redes solamente a personas trans (entre las cuales, por la alta tasa de trabajo sexual en mujeres trans, suele haber trabajadoras sexuales). Pudiendo llegar a realizar comentarios inapropiados o estableciendo relaciones parasociales. El acoso en redes llega a minar la autoestima de muchísimas compañeras, al verse a sí mismas desde la óptica fetichizada por repetición.

Violencias Médicas

Este tema que tantas veces nos han negado, que tantas veces hemos visto como imposible poder tratar porque se convertía en algo tabú, es de nuevo un campo de batalla común para compas trans y discas o locas. De nuevo tenemos experiencias similares, en las que priman la deshumanización, la objetivización, el miedo y el sentimiento de que no les importa nuestra vida lo más mínimo. Y esto ocurre siempre con la disidencia, es cierto, pero con estos grupos es aún más obvio.

Por un lado, las discas nos encontramos con que tenemos que tratar con los médicos en nuestra vida cotidiana, son parte de nuestro día a día. Lejos de verlos como algo natural, acabamos desarrollando muchas veces un rechazo palpable hacia ellos. Porque no nos tratan como iguales, sino que nos tratan como cuadros clínicos que medicalizar. Sin prestar atención al todo y sin hacernos el más mínimo caso. Se nos mueve o toca sin nuestro consentimiento para realizar pruebas que en muchos casos apenas nos explican. Se nos crea una indefensión aprendida de creer que esa forma de tratarnos es lo normal. Se nos objetiviza y se nos violenta en espacios donde deberíamos sentirnos a salvo, lo que nos lleva a normalizar estas formas de violencia a todos los niveles. Se toman decisiones “por nuestro bien” sin que nosotras importemos lo más mínimo en esa toma de decisiones. Nunca se piensa en que quizá nuestro cuerpo disidente no es el problema, sino que el problema es la sociedad que nos patologiza y nos violenta. No se nos trata como seres humanos y a menudo eso daña nuestra propia autoestima, dificultando que podamos sentirnos cómodas en nuestra propia piel. Es difícil amar tu cuerpo cuando te lanzan mensajes constantemente de que tu vida no merece ser vivida por ser así.

Por otro lado, las trans nos encontramos con que, aunque no se es “más trans” por estar o no en un proceso de hormonación, este ayuda a que no nos maten. La adecuación a la norma como forma de sobrevivir e, incluso, la propia legislación, pudiendo llegar a requerir informes médicos para algunos procedimientos legales como el cambio de sexo registral, causan que una parte significativa de las personas trans nos encontremos en tratamientos hormonales. Esto hace que nuestras vivencias también estén muy vinculadas al sistema sanitario. Tanto es así, que el concepto de transición se interpreta en muchos casos iniciándose con la hormonación, cuando realmente suele comenzar mucho antes y no tiene por qué ocurrir mediante hormonas. La objetivización como cuadros clínicos, similar a la de las discas, se une a la falta de conocimiento sobre los tratamientos disponibles, sus efectos secundarios y a los frecuentes desabastecimientos. Todo esto da un sistema en el que, más que servir de ayuda para aquellas personas que deseen pasar por el proceso de hormonación, se genera una obligación en la que muchas veces ayuda más la red de apoyos trans que se pueda tener que el propio sistema.

Es curioso como interseccionan aquí los conocimientos que tenemos unas y otras para ayudarnos entre sí. Por un lado las discas y locas solemos saber muy bien dónde exigir nuestros derechos y por otro, las compas trans y no binarias suelen conocer los entramados sociales que ayudan a que nos hagan más caso. Las alianzas entre nosotras son indispensables en temas sanitarios.

Violencias Institucionales

En los últimos meses se ha generado en redes un amplio debate sobre la Ley Trans. Ciertos sectores transexcluyentes han instrumentalizado a las discas equiparando el cambio registral de género con el reconocimiento de la discapacidad, afirmando que ambos deben estar regulados y controlados por una autoridad estatal. Sin pararse a preguntar antes a ninguna disca su opinión, que podría haberle explicado lo deshumanizante, tedioso e injusto de dicho proceso que ignora la experiencia de las discas. Ciñéndose mayoritariamente a informes médicos o a la percepción de la persona que decide juzgarnos ese día.

Cuando se trata de violencias institucionales, las que vivimos las discas son muy conocidas y reconocidas por la mayoría de la sociedad. Pero no se plantean soluciones, no hasta que hemos empezado a alzar la voz al respecto. Los procesos de obtención de la discapacidad son procesos tediosos, en los que en muchísimos casos no se aplican protocolos de accesibilidad. Es un proceso muy invasivo en el que un jurado valora si somos suficientemente discas para merecer nuestros derechos humanos. ¿De qué nos suena esto? La discapacidad jamás podrá negar la necesidad de abolir este proceso tanto para nosotras como para las personas trans. Porque ambos procesos son violentos, deshumanizantes y absurdos. Somos discas porque la sociedad nos ha discapacitado, no necesitamos que alguien nos asigne un número subjetivo para poder pedir nuestros derechos. Este proceso debe facilitarse y debe hacerse de una forma mucho menos violenta. La victoria (legal) al respecto de su proceso de las compañeras trans no es, ni será nunca, algo que reprochar, sino una demostración de que se pueden hacer las cosas mejor.

Las violencias institucionales que sufrimos las trans, relacionadas con el cambio registral de nombre y género, han sido ampliamente explicadas por otras compañeras previamente. El gatekeeping ejercido por el sistema médico y legal impide o dificulta el acceso al cambio de nombre y género registral. Y la discordancia entre apariencia y nombre pone en el punto de mira a quienes no lo hayan podido cambiar. Incluso consiguiendo el cambio de nombre, el sistema no está preparado para acoger la diversidad, dándose situaciones como las de personas trans con útero y vagina que tienen dificultades por acudir al ginecólogo tras haber cambiado su género registral a masculino.

Esterilizaciones forzosas

En diciembre de 2020, se modificó el código penal para erradicar la esterilización forzada o no consentida de personas discapacitadas e incapacitadas judicialmente. Esto implica que hasta finales del año pasado se podían realizar estas prácticas cercanas a la eugenesia sin que hubiera represalias legales por ello. De hecho, en muchos casos, era una de las “recomendaciones” obligatorias para poder internar a las personas discas y locas en centros de residencia. Solo en 2016 se llevaron a cabo 140 esterilizaciones no consentidas, y en el periodo 2005-2013 hubo 865 intervenciones, según denuncia CERMI de acuerdo a lo últimos datos oficiales disponibles. Esta modificación en la legislación no es ninguna garantía, pues seguirán enmascarando estas prácticas como esterilizaciones consentidas donde el consentimiento realmente esta viciado. Las mujeres discas nos enfrentamos a muchísimas violencias cuando decidimos ser madres o cuando comenzamos a controlar nuestra reproducción. No se nos ofrecen alternativas, no se nos da educación sexual adecuada a nuestras realidades y tampoco se nos permite decidir otra que no sea el aborto cuando nos quedamos embarazadas.

A veces presentadas junto a las discas por salirse de la normatividad fisiológica y porque en muchos casos causa que también seamos discas; otras junto a las trans por formar parte del colectivo LGTBI y suponer un desafío al sistema sexo/género (en este caso por la parte del sexo), están las personas intersexuales, que no encajan en el diadismo de cuerpos. Aquellas personas intersexuales que nacen con genitales ambiguos o simplemente que no se corresponden con los estándares normativos son sometidas a procedimientos quirúrgicos innecesarios. Estos procesos, además de arriesgados para la salud, podrían comprometer nuestra salud reproductiva.

En cuanto a las trans, la esterilización no siempre ocurre de manera tan evidente. Más allá de las operaciones de genitales que, por motivos obvios, eliminan la capacidad reproductiva, no es la única manera en la que se produce la esterilización. Como se ha comentado antes, hay una fuerte presión hacia la hormonación de personas trans para acceder a procedimientos legales y por acomodación a la norma para sobrevivir. En el caso de la hormonación típica de mujeres trans, el tratamiento estándar más extendido, produce una disminución del tamaño testicular por la degeneración del tejido, que ocurre junto a la parada de la producción de espermatozoides, dejando a la persona en tratamiento estéril. Este hecho es irreversible pasado un determinado tiempo, por lo que se trata de una castración química. 

Romper el huevo y Luto Disca

Otra experiencia común entre muchas personas trans y discas es la existencia de un proceso de descubrimiento y aceptación de que se es trans o disca. Lo que se denomina comúnmente como romper el huevo o Luto Disca, respectivamente. Además, como la narrativa transmitida socialmente en el imaginario colectivo es la de que las personas trans lo saben desde temprana edad y de que las personas discas lo son de nacimiento o por un accidente, esto hace especialmente complejo y confuso el proceso. Sobre todo cuando ocurre a una edad más avanzada, aumentando las posibilidades de autonegación por no haberlo sabido desde siempre.

Las personas discas nos enfrentamos a un diagnóstico, que todo nuestro entorno nos dice que “no nos define”, pero que va a suponer que muchas cosas cambien para siempre. Un diagnóstico que no importa cuándo nos lo den, porque empezamos a aceptarlo según nuestra propia percepción del mismo. Nos enfrentamos de cara a la idea de que nuestra identidad no puede ser la misma del resto de discapacitadas porque no encajamos en ese molde que nos han dicho que debemos alcanzar para utilizar ese término. Así nos topamos de golpe con nuestra identidad fantasma y con las contradicciones emocionales que ello conlleva. Al mismo tiempo es fácil ignorar un diagnóstico que aparentemente es asintomático o no produce grandes diferencias con el resto. Hasta que un día deja de ser así o nos damos cuenta de que realmente nunca lo fue. En el momento en el que somos conscientes de que somos discas o estamos locas, pasamos por todas las fases del luto. La persona que creíamos que éramos, o que queríamos ser, ya no existe. Se ha ido para siempre y quedamos nosotras, rotas en pedazos porque nos espera toda una vida que nos han dicho que no merece la pena ser vivida. Nos enfrentamos al miedo, a la indefensión, a la rabia, a la incertidumbre y a la realidad de que vamos a tener que pelear cada día para que se respeten nuestros derechos.

Las personas trans, para poder llegar a darnos cuenta de que realmente lo somos, tenemos que ser conscientes de que es posible ser trans. Y después, superar los estereotipos nocivos sobre las personas trans, que están extendidos por la sociedad para poder llegar a identificarnos como tales. Muy probablemente habremos interiorizado estos estereotipos, si cuando nos damos cuenta es la época adulta y no en la infancia. En el caso de las mujeres trans, hasta hace relativamente poco, la única representación trans que había en medios era como elemento cómico, objeto de burla y de asco injustificado. Aún siendo ya consciente de que la realidad es muy distinta, romper el huevo implica un complejo proceso de afrontar mensajes transfóbicos. Como que las mujeres trans son agresoras sexuales o que solo son válidas en el grado que se acomoden a la cisheteronorma. Todas estas ideas son fácilmente rebatibles, pero subconscientemente añaden ladrillos al muro que tenemos que superar para reconocer que realmente somos trans y expresarnos como en verdad somos.

Conclusiones

La interseccionalidad no es una competición, nunca lo ha sido, ni siquiera es una suma de opresiones. La interseccionalidad parte de encontrarnos en nuestras zonas comunes y compartir desde el respeto nuestras experiencias vitales respecto a nuestras realidades. Y escuchar o leer a otras compañeras hacer lo mismo. Las alianzas que aquí se dan no es que simplemente sean necesarias, sino que se hacen indispensables para poder crear un discurso radical y revolucionario que nos tenga en cuenta a todas las personas oprimidas al mismo tiempo y en las mismas condiciones.

No vamos a permitir que se nos instrumentalice a las discas para atacar las leyes que garantizan los derechos de nuestras hermanas trans. Aquí estamos todas juntas contra un mismo enemigo, no queremos que el odio nos divida. Nos quieren peleando entre nosotras y en cambio se van a encontrar de cara con nuestra más absoluta y sorora alianza en la consecución de nuestros derechos humanos.

No vamos a permitir que se nos instrumentalice a las discas para atacar las leyes que garantizan los derechos de nuestras hermanas trans. Aquí estamos todas juntas contra un mismo enemigo, no queremos que el odio nos divida.

Bibliografía

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