El día después del abortar: Una historia en primera persona.

El análisis sobre las experiencias después de decidir interrumpir un embarazo y el sentimiento de estigmatización de las personas que han abortado, es silenciado por la carga social negativa que tiene pasar por esto y utilizada por «providas» (antiderechos) para tratar de culpabilizar a las mujeres que sí lo han pasado. Romper este silencio es también empezar a acabar con el sentimiento de culpa y con el ciclo de dolor de todas aquellas que han tenido que callarse. Según el Ministerio de Sanidad, en España se realizaron 99.149 abortos en 2019. Casi 100.000 personas con la capacidad de gestar, en su mayoría mujeres, se enfrentaron a esta decisión, al procedimiento que acarrea y a las consecuencias que llevan el decidir terminar con el proceso del embarazo. Hemos hablado incontables veces sobre todo el debate que surge alrededor del aborto, defendiéndolo con uñas y dientes como parte de nuestros derechos fundamentales y como una parte indispensable de nuestra salud reproductiva. El derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Nuestro futuro debe pertenecernos como individuos en lugar de tratar de convertir nuestro ser en un campo de guerra. Casi 50.000 mujeres fallecen en abortos clandestinos, debido a la falta de un modelo sanitario que les permita abortar de forma segura, legal y gratuita, empujándolas a tratar de interrumpir el embarazo en lugares de seguridad cuestionable o en sus propios hogares por pura desesperación. Y no solo pueden morir, sino provocarse heridas irreversibles en el útero que puede terminar en complicaciones en su salud o en su capacidad de volver a quedarse embarazadas.

Romper este silencio es también empezar a acabar con el sentimiento de culpa y con el ciclo de dolor de todas aquellas que han tenido que callarse. #AbortoLegalSeguroYGratuito

A pesar de la creencia popular de muchas personas partidarias a la ilegalización del aborto, este procedimiento no se usa como un sustituto a los métodos anticonceptivos. El aborto es el último recurso cuando todo lo demás falla y no es fácil pasar por ello. Abogar por la legalización de este también incluye el fomentar una educación sexual completa y diversa, para poder evitar en la medida de lo posible que se tenga que llegar a estos extremos. Recordemos que un embarazo es un proceso intrusivo que cambiará para siempre el cuerpo y la mente de la persona embarazada, y que es una decisión increíblemente importante de la que una debe estar segura porque no hay marcha atrás.

Sin embargo, esto no es otro análisis sesudo sobre las violencias machistas y los derechos de las mujeres. Para eso están en bibliografía enlazadas otras compañeras. Esta es mi historia, este es el proceso por el que yo (y nadie más que yo) pasé cuando decidí poner fin a mi embarazo.

La noticia.

El día 19 de Junio de este mismo año decidí hacerme un test de embarazo. Estaba en medio de exámenes finales y no estaba segura de si el periodo se me había atrasado por el estrés de estos o por un embarazo. Tres tests positivos después; llamé a mi pareja, a mi mejor amiga y a mi hermana. Siento que la mayoría de mujeres hemos pensado más de una vez cómo reaccionaríamos si viéramos que estamos embarazadas pero realmente nada te prepara para vivirlo de verdad. Yo pensaba que me daría un ataque de ansiedad, que lloraría o gritaría; pero mi cerebro decidió disociar hasta que llegó el momento de avisar a mi madre.

Decidí abortar en una clínica privada a la semana. Estaba de siete semanas, medía casi tres centímetros y me llevé la ecografía a casa. Lo único en lo que pensaba era en las palabras de la enfermera cuando me cogió de la mano y me dijo que tenía suerte ya que al ser la última paciente del día me dejarían gritar si lo necesitaba mientras se realizaba la aspiración del feto. Después de eso estuve una semana y media en casa sin querer salir porque tenía pesadillas donde me desangraba en medio de la calle, que se me infectaba el útero o que la gente sabría al verme lo que había hecho. Nadie debería sentir vergüenza por decidir sobre su cuerpo, pero nos lo han metido tan dentro que no importa lo feminista que seas.

Busqué durante varios días a más personas que habían tomado la misma decisión que yo, y me encontré con un muro silencioso. El miedo a admitir abiertamente que se había abortado era tan fuerte, que era incapaz de compartir mis sentimientos con alguien que hubiera pasado por lo mismo y acabé sintiéndome avergonzada. No fue hasta que, estando en TikTok, me encontré con una chica estadounidense diciendo que debíamos hablar de cómo nos sentimos tras abortar. Junto a cientos de comentarios de otras mujeres hablando de su experiencia, de el por qué lo habían hecho, si se sentían aliviadas, tristes o incluso enfadadas, de los efectos secundarios que habían podido pasar y sentí una oleada de solidaridad y hermandad como nunca antes. A partir de ahí, dejé de sentir vergüenza y empecé a ser más vocal sobre lo que me hacía sentir. Ahí decidí escribir esto para poder ayudar a eliminar este estigma que nos han impuesto en la cabeza a todas y a todes.

Efectos secundarios de abortar

Los efectos secundarios físicos de un aborto pueden incluir: sangrados abundantes, infecciones, lesiones en los órganos reproductivos, coágulos, fatiga, restos del tejido en el útero, fiebre, dolor en el abdomen, útero y/o entrada de la vagina, entre otros. Los efectos secundarios psicológicos son mucho más complejos debido a que cada mujer lo sobrellevará de una manera diferente y que hay muchas variables que pueden llegar a afectar. Como el tiempo de gestación, el motivo del aborto, la edad de la mujer (o niña en muchos casos), si la concepción fue consentida o no, si se deseaba continuar con el embarazo pero debido a la economía, situación familiar, etc. No se podía continuar con este y muchas más variables que ocuparían otro artículo entero. Usualmente se puede ver que las consecuencias psicológicas tienden a ser cuadros parecidos al depresivo y ansioso, problemas de ira y poca tolerancia a la frustración, sentimientos de culpa y de vergüenza, pesadillas, pensamientos intrusivos, bajones en el libido, abuso de sustancias, aislamiento social, etc. Todo esto sin que se te ofrezca ayuda para sobrellevar la situación por la que has pasado, sin que nadie te diga que si quieres te derivan a psicología o te den información sobre asociaciones feministas en las que encontrar grupos de apoyo.

Conclusiones

Cuando hablamos del aborto, debemos tener claro que el procedimiento no termina en el momento en que se sale de la clínica. Continua en casa y en el entorno, y hay que naturalizar que hay veces que acompaña un sentimiento de duelo totalmente válido. Que hay dolor y que eso no invalida el aborto, como dicen muchos “pro-vida”. Hay que ser vocales sobre el aborto, sobre las consecuencias y permitir una conversación sana que no demonice a las personas que han pasado por el proceso. Debemos repetir una y mil veces que no hay culpables ni inocentes, simplemente seres humanos tratando de seguir adelante con sus vidas.

También hay que destacar la importancia de tener acceso a estos procesos no solo de forma legal, si no también de facto. Muchas comunidades de nuestro propio país tienen restringido el aborto por no haber centros públicos en los que no se agarren a la objeción de conciencia para no realizar estos procedimientos. Así nos encontramos con que si no tienes medios para ir a otra ciudad o a otro hospital, acaban negándote tu derecho a decidir. Hablar de todo el proceso es importante, saber que existe es indispensable. Necesitamos educación sexual integral en la que se incluya estas conversaciones, acceso a anticonceptivos de calidad y por último un acceso total y efectivo al aborto seguro y gratuito.

Necesitamos #EducaciónSexualIntegral en la que se incluya estas conversaciones, acceso a anticonceptivos de calidad y por último un acceso total y efectivo al #AbortoSeguroYGratuito.

Bibliografía

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