La Fiscalización del Amor

El análisis feminista del Amor Romántico y de cómo afecta a las mujeres en torno a la sexualidad y a su papel dentro de la familia nuclear (monógama y cishetero) es esencial en nuestros días. Es necesario replantearnos nuestras relaciones. No sólo las románticas, sino todas. Esta necesidad parte precisamente de evitar reproducir dinámicas aprendidas del sistema capitalista y patriarcal que nos marca las normas de toda nuestra vida hasta el punto de imponer cómo es correcto relacionarnos y cómo no lo es.

Cuestionarnos cómo nos relacionamos y el por qué siempre es necesario para avanzar y desquitarnos roles aprendidos e imposiciones sociales como la Heterosexualidad Obligatoria o la Heterosexualidad Asimilada. Al igual que cuestionar siempre la monogamia y sus formas aparentemente progresistas, porque la monogamia no es ni jamás será una elección libre. Es una imposición al igual que el uso de maquillaje o la depilación en las mujeres, es una herramienta del patriarcado para atarnos a nuestro papel como madres amparándose en el constructo del Amor Romántico.

Las relaciones afectivas y sexuales, el #AmorRomántico o el #Poliamor siempre han estado en constante análisis feminista, pero ¿Qué pasa con el resto de relaciones?

Amor Romántico

Cuando se habla del término “Amor Romántico” se hace desde la perspectiva de que se nos ha inculcado que ciertos comportamientos, que enmascaran abusos, son en realidad románticos, “bonitos”, símbolo del apego y el cariño. Pero igual que por fin se empieza a entender que los celos no son amor, hay que deconstruir cómo nos relacionamos desde los cimientos. Eso incluye nuestras relaciones no románticas ni sexuales. Es necesario dejar de ignorar los abusos dentro de otros tipos de relaciones por considerarlos normales, porque eso lleva a no denunciar casos de maltrato o abusos familiares porque “es tu familia”.

No basta tener relaciones sexo-afectivas sanas, también es necesario tenerlas dentro de las amistades y la familia. No está bien tampoco abusar emocional, psicológica o físicamente de nuestras amistades ni familiares, porque estas relaciones no son relaciones de segunda (la idea de que la relación amorosa es la más importante parte precisamente del amor romántico). Las personas que forman parte de nuestras amistades o familiares también merecen respeto y cuidados básicos. En este sentido, se plantea la anarquía relacional: una filosofía que parte de la idea del poliamor y habla de la necesidad de basar nuestras relaciones (todas) en ideas feministas y anticapitalistas para luchar contra las imposiciones que mantienen el modelo de la familia tradicional.

Una de las cuestiones a deconstruir dentro de lo que es el modelo de familia tradicional es justamente la idea de que las emociones hay que suprimirlas y que “los trapos sucios se lavan en casa”. Esa idea que da vía libre a que la familia, que es nuestra primera interacción con las relaciones humanas, sea también nuestra primera experiencia de abuso y maltrato en todas sus formas.

Para poder relacionarnos de forma sana se nos tiene que enseñar desde la familia qué es sano y qué no, que tener emociones es normal y cómo gestionarlas de forma sana y que el amor es revolucionario en un mundo individualista. No puede ser que crezcamos creyendo que el maltrato y la violencia es normal, porque eso va a hacer que, aunque nos deconstruyamos, sigamos teniendo sesgos de comportamiento nocivos para las personas que nos rodean, probablemente fruto de las inseguridades y secuelas que el maltrato causa, pero también por puro rol aprendido.

Anarquía Relacional

La idea de las relaciones monógamas ha sido ampliamente debatida en espacios feministas desde la Segunda Ola del feminismo, dónde se planteaba por primera vez el placer femenino como un tema a tratar desde este movimiento. El papel de la mujer dentro de la familia siempre es el de cuidadora, quien hace las labores de cuidados para que el hombre pueda seguir sirviendo al capitalismo, al mismo tiempo que ella misma lo sirve en su trabajo precarizado fuera de casa. La mujer, siempre atada a su papel de cuidadora, ahora se enfrenta a un mundo que le dice que no puede cuidar si quiere ser una mujer fuerte, triunfadora e independiente.

«La anarquía relacional no es una ocurrencia imprudente que proponga nuevos modelos de relación, sustituyendo de manera arbitraria unas normatividades por otras. No invalida el amor, el deseo o los deseos, sus orientaciones, las identidades…, estableciendo una normatividad represora. No es una reformulación ética improvisada, sino el producto de un pensamiento forjado y compartido por generaciones de autoras, autores, activistas y organizaciones de vocación anarquista, a través de experiencias, esfuerzos, sacrificios, fracasos y éxitos a lo largo de los dos últimos siglos, aplicado ahora a una hipótesis de construcción social en la que la utopía se focaliza en los vínculos como germen de una nueva forma de organización colectiva y no como mero resultado de esta»

Juan Carlos Pérez Cortés, en “Anarquía Relacional: La revolución desde los vínculos”.

Siempre nos han dicho que necesitamos el papel de madres para ser mujeres completas, y cuando por fin llega ese momento, fiscalizan nuestros tiempos y nuestras necesidades dentro de la maternidad. Y esto no es fruto del capricho del destino, no. Sino fruto de un capitalismo que se adapta a las necesidades de su sociedad para poder seguir lucrándose. Un capitalismo que se aprovecha de los avances del feminismo en materia de derechos laborales, reproductivos, sociales, etc, para volver a marcar nuestra agenda y nuestra vida con sus necesidades explotadoras. No tenemos tiempo para disfrutar de la crianza de nuestros vástagos, porque ahora es moderno y genial salir al mundo y dejar al cuidado de esos vástagos a otra mujer que está por debajo de ti en la escala social, probablemente pagándole una miseria por un trabajo extenuante que no tendría que hacer si el capital no marcara tus tiempos ni tu forma de relacionarte.

Parece obvio decir que lo ideal es un modelo de apego feminista, un modelo comunitario, un modelo en el que no tengamos que renunciar a nada para poder ser, vivir y disfrutar. En estos términos, nacen nuevas formas de relacionarse, de comprender las relaciones humanas y de verlas como un agente liberador y no como una carga más que nos ata a nuestro rol dentro del sistema. Pero para ello, estas relaciones, tienen que ser igualitarias. Estas relaciones tienen que basarse en la ideología feminista que entienda que la crianza no es nuestra responsabilidad, sino que es compartida.

¿Cómo es relacionarse de forma Poliamorosa?

En los nuevos tiempos no nos podemos engañar diciendo que el poliamor no existe y que solo es vicio, porque estamos ahí al alcance de todo análisis y llevamos aquí desde siempre. Pero ocurre lo mismo que pasa siempre cuando se avanza en materia social: Los detractores se inventan cómo funcionan nuestras vivencias, sin nosotras, a la par que se aprovechan de los mismos derechos que critican. Y es que es innegable que dentro de las prácticas del Amor Libre siempre va a haber gente dañina a la que no le importa reproducir las dinámicas patriarcales y capitalistas, que lo que quieren es consumir cuerpos a la par que van dejando tras de sí un inmenso rastro de cadáveres emocionales resultados de no querer ni saber gestionar cuidados básicos. Pero esto no es culpa de la teoría, no es culpa de cómo vivimos las relaciones.

Las relaciones poliamorosas se basan en cuestiones fundamentales que debemos tener en cuenta: la confianza, la comunicación y la deconstrucción constante. Cuando una relación poliamorosa comienza, primero es necesario marcar unos límites, marcar las necesidades de cada individuo dentro de esa relación y respetar a tus parejas. No pasa nada si tenemos comportamientos nocivos todavía, siempre que estemos dispuestas a deshacernos de los mismos con la ayuda de nuestras parejas. La deconstrucción es un proceso constante que no termina nunca, ya que nunca podemos estar completamente deconstruidas, así que es normal descubrir nuevos comportamientos que cambiar. Siempre de la mano de tu(s) pareja(s) que te guíen y te apoyen en ese proceso que no siempre es fácil.

“El problema de nuestra época presenta un aspecto totalmente distinto. La crisis sexual de nuestra época no perdona siquiera a la clase campesina. Como una enfermedad infecciosa, no reconoce “ni grados ni rangos”. Se extiende desde los palacios y mansiones hasta los barrios obreros más concurridos, entra en los apacibles hogares de la pequeña burguesía, y se abre camino hasta la miserable y solitaria aldea rusa. Elige sus víctimas lo mismo entre los habitantes de las mansiones de la burguesía europea, que en los húmedos sótanos donde se hacina la familia obrera y en la choza ahumada del campesino. Para la crisis sexual no hay “obstáculos ni cerrojos”. Es un profundo error creer que la crisis sexual sólo alcanza a los representantes de las clases que tienen una posición económica materialmente asegurada. La indefinida inquietud de la crisis sexual franquea cada vez con mayor frecuencia el umbral de las habitaciones obreras, y causa allí tristes dramas que por su intensidad dolorosa no tienen nada que envidiar a los conflictos psicológicos del “exquisito” mundo burgués.”

Alejandra Kollontai, en “Las relaciones sexuales y la lucha de clases”

Cuidados Mutuos

En este sentido parece obvio ahondar en qué consideramos como cuidados mutuos, y eso es muy complicado. Los cuidados mutuos dependen de cada persona, de cada relación y de cada circunstancia. No hay una única forma de cuidar, igual que no existe una única forma de relacionarnos. Lo que para alguien puede resultar demasiado pegajoso o “tóxico”, para otra persona puede ser indispensable. Sobre todo, en aquellas relaciones donde hay personas discapacitadas o locas esto puede ser muy obvio: lo que necesitamos las personas discapacitadas o locas a veces es mucho más que lo que puede necesitar una persona capacitada o neurotípica. Igual que para una relación estándar es excesivo que una persona ayude a la otra con su higiene personal, cuando hasta salir de la cama es una odisea, esto es algo básico para nosotras. Y muy poca gente está dispuesta a dar estos cuidados básicos porque nos han criado en una sociedad individualista que cree que una persona que necesita ayuda y lo externaliza (en lugar de erigir un discurso automotivacional) es una persona tóxica que reclama más de lo que debe. En la misma línea nos encontramos con los cuidados emocionales. No son los mismos para todas, y es posible que las discas y las locas necesitemos más. Por eso os molesta tanto cuando dejamos de creer que no debemos exigir estos cuidados y empezamos a decíroslo, porque consideráis que no los merecemos. Todo el mundo romantiza el tener una relación con una loca hasta que esa misma loca necesita saber que de verdad la quieres unas doscientas veces al día porque le han hecho papilla su autoestima.

Aquí se solapa la idea del Amor Romántico con el capacitismo y el cuerdismo. Muchas veces se nos venden desde el amor romántico unas imposiciones que se utilizan para maltratar y violentar, pero eso es muy diferente a que una persona disca o loca necesite determinados cuidados. El problema reside en diferenciar estas cuestiones y analizar de nuevo cómo nos influye el sistema aprovechando avances sociales: avanzamos en deshacernos del Amor Romántico, pero para seguir manteniendo la opresión, lo hacemos a costa de demonizar cuidados básicos para grupos vulnerables.

De nuevo es necesario fijar unos mínimos en todas las relaciones. No necesitas un contrato que marque todo y sea rígido, pero sí necesitas saber ciertas cosas de tu pareja para poder cuidarla adecuadamente (y por supuesto, esto debe ser recíproco). Sobre todo, también es indispensable crear un ambiente seguro desde el primer instante para que la otra persona se sienta libre de pedirte ayuda, cuidados o que seas un poco menos invasive.

Conclusiones

La imposición de las relaciones desde la óptica patriarcal y capitalista no nos beneficia en absoluto ni a las mujeres ni a ninguno de los grupos oprimidos por parte de estos sistemas. Todo lo contrario: la imposición del modelo de la familia tradicional solo beneficia al capitalismo que se aprovecha de la división sexual del trabajo, del trabajo de cuidados y de la mano de obra barata que engendra este modelo relacional.

La única forma de desquitarnos todas estas imposiciones es la abolición del capitalismo. Pero, lamentablemente, esto es probable que no lleguemos a verlo nosotras. Luchamos para que quizá nuestras hijas sí logren llegar a verlo, pero lo hacemos juntas. Los autocuidados son importantes, por supuesto, pero también lo son los cuidados mutuos en óptica feminista, tanto en relaciones amorosas como sociales y familiares. Construir un movimiento útil pasa por abordar las necesidades de las personas reales que forman parte del mismo, y aquí entran de lleno los cuidados mutuos y las redes de apoyo mutuo que se crean dentro del movimiento feminista. Redes que pocas veces hemos visto fuera de este movimiento y es necesario trasladarlo a toda lucha social.

Bibliografía

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