Heterosexualidad Obligatoria

También acortado por su forma en inglés CompHet (Compulsory Heterosexuality), es un término popularizado por Adrienne Rich en su ensayo de 1980 titulado La Heterosexualidad Obligatoria y la Experiencia Lésbica (o Lesbiana, dependiendo de la traducción que se haga del título Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence). Se refiere a la idea de que la heterosexualidad es algo asumido y forzado hacia las mujeres por la heteronormatividad de la sociedad, obviando las preferencias sexuales personales y vista como algo natural, por lo que todo lo que se salga del concepto «heterosexual» es visto como abominable y debe ocultarse.

La #CompHet es un término popularizado por Adrienne Rich para referirse a la idea de que la heterosexualidad es algo asumido y forzado hacia las mujeres por la heteronormatividad de la sociedad, obviando las preferencias sexuales personales y vista como algo natural.

Dicho concepto aparece por la necesidad de cuestionar el heterocentrismo dentro del feminismo, puesto que hasta el momento no había mucha teórica lésbica o esta era ignorada en pos de centrar la atención en las relaciones femeninas con los hombres. Asimismo, este término daría pie a crear más adelante el mismo concepto de heteronormatividad.

Este término usual y actualmente se utiliza para describir la experiencia que sufren algunas lesbianas en lo referente a forzar una atracción hacia los hombres que realmente no existe debido, posiblemente, a una lesbofobia interiorizada e inculcada por parte de la sociedad heteronormativa que asume a las mujeres como heterosexuales, lo que acaba resultando bastante traumático. No obstante, para Adrienne Rich, el concepto va más allá de únicamente la atracción hacia otras mujeres y la no atracción hacia los hombres, pues es algo que afecta a las mujeres también en el ámbito legal y en el laboral y obliga a las mujeres a ocultar dicha atracción para evitar entrar en la marginalidad y las obliga a estar disponibles y receptivas a los hombres para absolutamente todo. Se traduce, por tanto, como una herramienta del propio patriarcado para ejercer el poder y la dominación masculinos sobre el capital y el mercado laboral de las mujeres mediante el control de su propia sexualidad.

Sirviéndose de la lista de las ocho características del poder masculino de Kathleen Gough en su ensayo The Origin of the Family de 1973, Rich describe en qué consisten estas de la siguiente forma:

  1. En negar a las mujeres su sexualidad: clitoridectomía e infibulación; cinturones de castidad; castigo, incluida la muerte, del adulterio femenino y la sexualidad lésbica; negación del clítoris; represión de la masturbación; negación de la sensualidad materna y postmenopáusica; histerectomías innecesarias; falsa imagen de la lesbiandad en los medios de comunicación y en la literatura; cierre de archivos y destrucción de documentos sobre la existencia lésbica.
  2. En imponer la sexualidad masculina sobre ellas: violación (incluyendo la marital) y apaleamientos; incesto de padre a hija o de hermano a hermana; socialización de las mujeres para que crean que el «impulso» sexual masculino es un derecho; idealización del romance heterosexual en el arte y los medios; matrimonio infantil; matrimonios arreglados; prostitución; harem; doctrinas sobre la frigidez y el orgasmo vaginal; descripciones pornográficas de mujeres que responden placenteramente a la humillación y violencia sexuales (con el mensaje subliminal de que la heterosexualidad sádica es más «normal» que la sensualidad entre las mujeres).
  3. En forzar y explotar su trabajo para controlar su producción: instituciones del matrimonio y la maternidad como producción gratuita; segregación horizontal de las mujeres en el trabajo asalariado; cebo de la ocasional mujer exitosa; control sobre el aborto, la natalidad y el parto; esterilización forzada; proxenetismo; infanticidio femenino que roba hijas a las madres y contribuye a la devaluación generalizada de las mujeres.
  4. En controlar y robarles sus criaturas: derecho del padre y el «secuestro legal»; esterilización forzada; infanticidio sistemático; separación de madres lesbianas de sus hijos por parte los tribunales; violencia obstétrica; uso de la madre como una «torturadora simbólica» en la mutilación genital o en el vendado de los pies (o la mente) de la hija para prepararla para el matrimonio.
  5. En encerrarlas e impedir sus movimientos: violación como terrorismo, manteniendo la calle sin mujeres; purdah; vendaje de pies; atrofio de las habilidades atléticas de las mujeres; moda femenina; velo; acoso sexual; maternidad a-tiempo-completo; dependencia económica forzada en las casadas.
  6. En usarlas como objetos de transacción masculina: uso de las mujeres como regalos; dote; uso de la mujer como entretenimiento para facilitar los tratos masculinos como la esposa anfitriona, las camareras de cócteles forzadas a vestirse para excitar a los hombres, las secretarias, etc.
  7. En restringir su creatividad: cazas de brujas como campañas contra comadronas y curanderas y como masacre contra las mujeres independientes, «no asimiladas»; definición de las actividades «masculinas» como más valiosas que las «femeninas», de manera que los valores culturales encarnen la subjetividad masculina; restricción de la autorrealización propia frente al matrimonio y la maternidad; explotación sexual femenina por artistas y profesores masculinos; interrupción de las aspiraciones creativas de las mujeres; el borrar la tradición femenina.
  8. En marginarlas de grandes aéreas del conocimiento y de los logros culturales de la sociedad: no educación de las mujeres (60% de los analfabetos en el mundo); «Gran Silencio» con respecto a las mujeres y especialmente la existencia lésbica en la historia y la cultura; rol sexual estereotipado que aparta a las mujeres de la ciencia, la tecnología y otras ocupaciones masculinas; nexos socios-profesionales masculinos excluyentes de mujeres; discriminación contra las mujeres en las profesiones.

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