Cierre de prostíbulos: así NO

Este artículo está escrito desde la óptica abolicionista. Abolicionismo crítico, humano, y cuya prioridad son las mujeres en situación de prostitución. Lo que debería ser abolicionismo por defecto y no el prohibicionismo misógino que se ha apoderado del movimiento abolicionista.

Recientemente se pidió el cierre de los prostíbulos de España bajo el pretexto de que en situación de pandemia por el COVID-19 podría darse un “aumento potencial de positivos de difícil rastreo”. Y como de costumbre, cuando las instituciones se acuerdan de las mujeres en situación de prostitución, lo hacen mal y le dan facilidades al sistema prostituyente para continuar con la explotación sexual de sus cuerpos.

Porque, por mucho que esta medida haya sido aplaudida por el “feminismo” rancio y reaccionario, la realidad es que el cierre de prostíbulos no hace que disminuya la oferta al putero que desee violar por dinero, solo aumenta la precariedad de las mujeres en situación de prostitución, tal y como vienen siendo las medidas supuestamente abolicionistas que como de costumbre siempre ponen el foco en todos los sitios menos donde toca: sobre las mujeres, cuando debería ser sobre el propio sistema prostituyente.

“El cierre de prostíbulos no hace que disminuya la oferta para el putero que desee violar por dinero, solo aumenta la precariedad de las mujeres en situación de prostitución” @AsociacionRb

Para empezar, se está deshumanizando a las mujeres en situación de prostitución tratándolas como “pozos de contagio” tanto por las instituciones como por los medios. Esta cosificación como si fueran objetos y no seres humanos es habitual y está tan asumida que se pasa por alto, lo cual solo aumenta su gravedad. Es tristemente habitual en nuestra sociedad considerar a las mujeres (sobre todo si están en situación de prostitución) como seres que no poseen sus propios cuerpos y no pueden hacer con ellos lo que se les antoje. Para el caso que nos ocupa se las trata implícitamente como recursos de los cuales extraer sexo y por culpa de las cuales los pobres hombres violadores pueden contagiarse con el COVID-19.

Este punto de vista implícito queda aun más claro cuando vemos las medidas adicionales destinadas a protegerlas de la precariedad y los maltratos. Absolutamente ninguna, porque la medida se ha hecho pensando en proteger a los pobres hombres violadores de las prostitutas repitiendo el mito tan cómodo de que ellos tienen derecho al sexo sin poder controlar su naturaleza. Como siempre, a la mujer se la considera sujeta activa de la violencia que sufre (porque ser tratada como producto de consumo es violencia) y al hombre un preso de su naturaleza.

Y es que esta falta de medidas no va a hacer en absoluto que disminuya la oferta de violaciones por dinero, sino que como cualquier otra medida prohibicionista (que no abolicionista) las empujara aún más a la clandestinidad, al abuso y a la violencia estructural. Y es que… ¿Por qué no se les ha ofrecido una alternativa habitacional y laboral? La respuesta es sencilla: porque no saben que un buen porcentaje de ellas tiene que pagar alquiler (desmesurado) por las habitaciones en las que viven y ejercen. Y si lo saben, les da igual.

Esto es solo la punta del iceberg. La parte oculta bajo las aguas es que las mujeres en situación de prostitución ni siquiera son sujetas jurídicas como tales ni su situación por la cual obtienen ingresos. Incluso en cuanto a derecho están en una eterna tierra de nadie. Para abolir la prostitución es prioritario un cambio legislativo radical (es decir, hasta la raíz) que ataque todas las consecuencias del sistema prostituyente. Es prioritario definirlo claramente, en especial la trata de mujeres para fines de explotación sexual.

Para abolir la prostitución debe ponerse autentica voluntad política para perseguir la trata de manera efectiva en lugar de permitirla existir a sus anchas a plena luz del día.

Para abolir la prostitución se debe perseguir al putero y al proxeneta transfiriendo el escarnio social de las mujeres en situación de prostitución a ellos.

Para abolir la prostitución es necesario eliminar las leyes de extranjería que facilitan que muchísimas mujeres migrantes acaben en manos de mafias para poder huir de sus países de origen, mafias con las que crean deudas que acaban pagando a través de la prostitución. La vulnerabilidad de estas mujeres también es culpa de un gobierno y unas leyes racistas.

Para abolir la prostitución se debe educar a los hombres para que tengan conciencia que el sexo no es un derecho y que una relación sexual en la que, el deseo de la mujer no es un factor a tener en cuenta, se trata por definición de una violación.

Y sobre todo, para abolir el sistema prostituyente se deben de poner medios y alternativas reales a las mujeres para que no tengan que comerciar con su consentimiento sexual como si de un bien de consumo se tratara.

En cambio el cierre de prostíbulos solo las empujará a la clandestinidad, por eso decimos que así no.

Bibliografía:

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