Asexualidad, sexo y rechazo

Las personas no normativas se enfrentan al rechazo continuamente, a menudo al límite de sentir que deben ocultar su disidencia en pos de hallar una protección que en realidad no es más que una ilusión, ya que el no permitirse ser une misme invisibiliza realidades y provoca que nos expongamos a otros tipos de violencias que se pasan por alto con facilidad.

Un buen ejemplo serían las personas trans, quienes a menudo ocultan su realidad todo lo que les sea posible para evitar agresiones, algo que consideramos completamente legítimo; pero cuando las relaciones alcanzan cierto grado de privacidad, son víctimas de rechazo por su propia realidad. Por supuesto, nadie tiene la obligación de practicar sexo con quien no le apetece, pero no está de más pararse a pensar por qué ocurre este rechazo sistemático contra ciertos grupos. Y del mismo modo que analizamos esta cuestión, también hemos decidido analizar el motivo por el cual se rechazan las relaciones amorosas con personas que pertenecen a la comunidad asexual.

Una sociedad sexocentrista

Imagen de la bandera asexual. Compuesta por cuatro franjas horizontales que de arriba a abajo son de los colores negro, gris, blanco y morado.

Desde la infancia se nos bombardea de diferentes formas con sexo y cómo este significa el culmen de la adultez, madurez, del placer y del amor. Poco a poco vamos interiorizando esta idea y la reproducimos conforme vamos creciendo en todas nuestras relaciones. Asimilamos esto como única realidad, aunque no es más que una imposición de una sociedad capitalista que pretende mantener la división sexual del trabajo, de la que nacen el patriarcado, la heteronorma, y la cisnorma. El problema, es que el sexo nos gusta (o nos imponen que debe gustarnos) a tal grado que no nos detenemos a pensar en determinadas cuestiones.

Mientras que la monogamia o el amor romántico se han puesto en entredicho por su premisa misógina, la idea del buen sexo como elemento fundamental para tener una relación amorosa sana no se ha cuestionado demasiado. Se presupone desde un inicio que si tienes una pareja amorosa tendrás sexo con ella porque, según nos han educado, el sexo es lo que diferencia a tu pareja de tus amistades. La atracción sexual se da siempre por hecho si existe una atracción romántica pese a que actualmente comprendemos que se puede dar (y se da) atracción sexual sin que exista una romántica y viceversa. Hemos logrado que empiece a verse como algo normal el sexo sin amor, pero el amor sin sexo lo tenemos aún pendiente.

Asexualidad y sex-repulse

La gente se atreve de forma absolutamente desvergonzada a dar definiciones y dictar conductas sin haberse parado a escuchar a la comunidad asexual. Normalmente podemos ver a gente afirmando que «los asexuales no quieren follar», cuando en realidad siempre se ha hablado de que la asexualidad no es falta de libido, si no de atracción sexual. Los prejuicios a menudo implican no hacer un mínimo intento de aprender, de modo que para estas personas les parece imposible que una persona asexual pueda querer tener pareja o practicar sexo.

Las razones de una persona asexual para tener relaciones pueden variar, pero de haber un consentimiento viciado para que acceda a ello, no se le debería culpar a elle, ya que en ese caso se trataría de una víctima de violencia sexual. Por otro lado, de no haber un consentimiento viciado y ser una relación plenamente deseada y consensuada (por motivos tan simples como que simplemente le apetezca practicar sexo), tampoco se ha de cuestionar su orientación sexual.

Si bien es cierto que hay una parte del colectivo asexual que no quiere tener relaciones sexuales o no sienten la necesidad explícita de tenerlas, esto se debe más al hecho de que no existen personas que les atraigan de esa forma a que puedan ser sex-repulse. Esto último no es una característica intrínseca de la asexualidad, ni se da únicamente en asexuales, ya que hay alosexuales que, por el motivo que sea, también son sex-repulse.

Estos prejuicios condicionan seriamente la posibilidad de las personas asexuales para conseguir pareja, ya que la mayoría de la gente alosexual clama no ser capaz de mantener una relación amorosa sin que haya sexo de por medio, excusa que se utiliza para rechazar tener una pareja asexual.

Estas personas habitualmente hablan también de una falsa criminalización por desear una relación sexo-afectiva, cuando en realidad lo que se plantea es el motivo por el cual se ha llegado a la conclusión de que una pareja sana necesita buen sexo para serlo. Incluso se pone de manifiesto los motivos por los cuales hay alosexuales que obligan a sus parejas asexuales a tener relaciones sexuales (es decir, les violan) o por qué estas últimas a menudo creen que deben darles sexo a sus parejas. Lejos de querer resolver estos problemas, se culpa a la gente asexual de la violencia sexual que sufre y se les acusa de ser egoístas.

Otra situación que se aprecia a menudo son los testimonios de alosexuales que han salido con asexuales que aseguran haberse sentido mal durante dicha relación por el hecho de no atraerles sexualmente a sus parejas y creer que por ello les querían menos, alegando un sufrimiento atroz. El problema no es que digan haberse sentido mal, lo cual puede ser muy cierto, el problema es que consideran que su pareja era el error de dicha relación y no todo lo que hemos interiorizado acerca de las relaciones y el sexo. Obviando, por supuesto, cómo se debía sentir su pareja al saber que le dejan por su orientación sexual y no por cualquier otra cosa. Ya no se trata de sexo sí o de sexo no, sino de la propia orientación. Por no hablar sobre cómo hay quien afirma que las personas asexuales, si quieren tener pareja, deben salir únicamente con otres asexuales, como si alguien pudiera elegir qué persona le atrae sexual o románticamente.

¿Qué deberíamos hacer entonces?

Tal vez un ejercicio que deberíamos hacer todos es empezar a dejar de dar importancia al sexo y a la atracción sexual y, por supuesto, dejar de relacionarlos con estar enamorades o no porque en realidad no tiene nada que ver. Esto es algo que nos beneficiaría a todas las personas, ya que nos ayudaría a comprender y gestionar mejor las relaciones. Además, existen alternativas como las relaciones abiertas. En cualquier caso, como con cualquier otra relación, es importante el intercambio de cuidados, que ayuda a la autoestima y confianza de ambos, además de trabajar en la comunicación.

Nada de esto quiere decir que esté mal desear una relación sexo-afectiva, es completamente legítimo. El problema es cuando este deseo se utiliza en pos de justificar la discriminación y el odio hacia la comunidad asexual sin pararse a analizar en profundidad el motivo.

Conclusión

No hemos de dar por hecho que nuestra pareja nos dará sexo o no en relación a si es asexual o alosexual, al igual que hemos de tener en cuenta que no nos lo debe de ninguna forma. Rechazar a una persona asexual por el solo hecho de su orientación sexual no se puede traducir en otra cosa que prejuicios dados por una sociedad ya conocida por inculcar el odio al diferente y basados en unas ideas que deberíamos revisarnos todos. En efecto, ese comportamiento es acefobia. Nos queda un largo camino por recorrer.

Bibliografía

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