Carta abierta a una víctima de Violencia Machista.

Hola, los últimos tiempos están siendo muy duros, ¿verdad? Es difícil sentarse en la mesa durante las comidas o cenas familiares y saber que te juzgan. Te juzgan por haberlo contado, te juzgan porque no te creen o te juzgan porque eso no les pasa a las mujeres de bien. Te entiendo.

La #ViolenciaMachista es muy dura de pasar cuando estamos solas, pero la realidad es que no estamos solas, somos muchas las que comprendemos la situación por la que se pasa ante esta violencia. #YoSiTeCreo

Es duro salir a la calle vigilando cada paso que das porque no sabes si estará esperando, o su familia. Las que hemos pasado por eso sabemos cómo es esa taquicardia cuando ves algo que te lo recuerda o alguien con quien se relaciona te manda un mensaje, la vergüenza de tener que decirle a tus amigos que no le digan nada sobre ti a nadie que se lo pueda contar. Es duro haber perdido todo lo que eras y toda tu vida porque él decidió hacerte daño. Porque puede, no hay otro motivo, se cree que puede destruirte pero no es cierto. No tengo ni idea de tu historia, pero no me hace falta para sentir tu dolor, porque yo también he pasado por algo parecido, yo también odio las cenas navideñas porque me recuerdan cosas que pasaron, yo también odio las reuniones familiares porque mi agresor está ahí. Te entiendo y solo quiero que sepas que no estás sola. Que tu dolor es legítimo, que tienes derecho a superarlo como necesites hacerlo y que nadie tiene derecho a decirte cómo tienes que actuar ante lo que te ha pasado. No importa si no denunciaste, no me importa si no tienes pruebas, no me importa si nadie te cree, no me importa si no es cómo dicen que tiene que ser. Tu dolor es válido, tú eres válida.

Da miedo pensar cómo va a seguir tu vida a partir de aquí, es normal, la persona que eras antes de pasar por esto no es la misma que eres ahora. O sí, pero un poco diferente. Da miedo pensar que todos los sueños ya no se van a cumplir por el estigma de víctima, pero la verdad es que no es cierto. Cualquier cosa que quieras, puedes conseguirla, lo que te pasó no te define. Se nos suele juzgar por querer seguir adelante, por hablar de ello en público o por no querer hacerlo; pero nada de eso es malo. Tienes derecho a empoderarte dentro de todo tu dolor y salir adelante con ello, haciendo lo que puedas para vivir con ello.

Te tendrás que enfrentar a las miradas de reproche de personas que creías que te apoyarían, pero ahora tu eres la que le has hundido la vida denunciando o tal vez no lo hiciste y ahora debes aguantar cómo se pavonea de la noche que pasasteis juntos y de lo mucho que disfrutaste. Amigos en común a los que preferirías perder antes que tener que seguir viéndole la cara cada vez que sales. Los comentarios o tal vez son susurros, se sucederán y tendrás que pasar a través de ellos si has denunciado; pero, por favor, te pedimos que escuches los gritos: Los nuestros, los de todas, en los que te decimos que estamos aquí para ti, que tú puedes, que te creemos y que no estás sola. Nunca estarás sola.

Una de las cosas más duras son los “¿Y si…?”; ¿y si no me hubiera puesto esa falda?, ¿y si me hubiera quedado en casa?, ¿y si no le hubiera hecho enfadar preparándole su cena favorita? Pero ningún “y si” podría haber cambiado que él te hizo algo horrible, porque fue él quien quiso hacerlo, la culpa es una muy mala compañera de viaje y es posible que te acompañe durante mucho tiempo. Busca alguien o algo que la contrarreste, busca ayuda dónde y cómo quieras y adelante. Nadie debe decirte cómo pasar por esto, nadie sabe cómo se debe reaccionar porque no hay una forma única o correcta. Algunas callamos para olvidar ahogando los recuerdos y haciéndolos desaparecer, otras hablamos para recordar y sacar fuerza de la rabia; lo importante es que encuentres tu forma.

Y escucha, escucha a las que salieron y se liberaron, a las que lo han podido superar que te intenten dar esperanza que abracen y te recojan. Se puede, se que a veces no lo pensarás, pero se puede y tú también, tú también puedes. El arma más fuerte ahora es la sororidad, es que te animemos cuando lo veas todo negro, es que lloremos contigo, que te acompañemos a casa o que te prestemos una habitación un tiempo para que estés acompañada, que te llevemos al juicio y seamos todas las otras las que le miremos a los ojos acusándolo, mientras tú igual no puedes.

Esta carta es para todas esas víctimas de las diferentes violencias machistas, independientemente de cómo haya sido tu caso, independientemente de lo que hayas pasado. Tu dolor es válido y esto también es para ti, no necesitas un carnet de víctima, tienes derecho a que te crean y a qué te apoyemos sin más preámbulos. Cuando convocamos movilizaciones es por las que callan para que no maten a sus hijes, es por las que hablaron y mataron, es por las desaparecías, es por las mutiladas, es por las encerradas, por las que tienen que pedir permiso para estudiar, por las que todavía son propiedad de sus padres o maridos, por las que mueren por no tener el derecho al aborto, por las que están esclavizadas en mafias que las explotan de diferentes formas, por las que si hablan son expulsadas de nuestro país, por las que si hablan son asesinadas y no cuentan porque no se las cree mujeres, por las rotas y las reparadas. Es por todas.

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