Todo por el share.

En el año 2017, se inicia a través de distintas redes sociales, un movimiento llamado “Me Too”. La frase fue acuñada por la actriz Alyssa Milano para animar a las mujeres a denunciar situaciones de acoso o agresión sexual, y surge a raíz de las acusaciones por abuso sexual al productor de cine Harvey Weinstein. La campaña se hizo viral a nivel internacional, dando lugar a que muchas mujeres de distintas partes del mundo utilizasen el hashtag para contar su experiencia de abuso aunque en realidad, la creadora de la frase fue activista social Tarana Burke en el 2006 para “promover el empoderamiento a través de la empatía entre mujeres negras y de comunidades desfavorecidas víctima de esos abusos”. Volvemos con esto a recalcar la importancia de la interseccionalidad y lo imprescindible que es para el feminismo reivindicar que cada víctima importa si queremos acabar con nuestra opresión.
El 13 de noviembre de ese año, donde el “Me Too” se viralizaba, se inició el juicio por violación a los miembros de La Manada de San Fermín, se contabiliza 99 mujeres asesinadas por violencia machista y se cierra el 31 de diciembre con la aparición del cuerpo de Diana Queer. Todo ello dio lugar a un 8 de marzo de 2018 histórico, y que en algunos sectores se comience a hablar de “Cuarta Ola”. De esto ya hemos hablado en otros artículos, pero el objeto que nos mueve para este comunicado nos coloca de nuevo en el 2017, concretamente un hecho ocurrido el 3 de noviembre de ese año.

Carlota Prado, era una concursante de “Gran Hermano” un formato de reallity show en el que distintos concursantes desconocidos entre sí deben convivir durante meses, todo ello en directo con cámaras que graban 24 horas los acontecimientos del concurso. Allí, Carlota entabla una relación sentimental con su compañero José María López. Hasta ahí son todas vivencias habituales ocurridas en ese formato.
Pero el 3 de noviembre marcaría un antes y un después para la vida de Carlota. Esa noche se celebró una fiesta en la casa donde convivían los dieciocho concursantes. El programa les suministra alcohol para amenizar la velada. Al parecer a Carlota le afectó mas que al resto de los compañeros y quedó en un estado semiinconsciente. Su compañero José María López aprovechó esa indefensión para llevarla a la cama y abusar de ella. Todo queda grabado y nadie hace nada por evitarlo. Una violación en directo y bajo la complicidad de los organizadores del programa.
Todo esto ya debería ser más que suficiente para horrorizarnos y pedir consecuencias legales para el programa pero la cosa no termina ahí: A Carlota la llaman al confesionario, y allí, en frío, sin asistencia psicológica, en ausencia de toda persona que pueda brindarle apoyo, le ponen el vídeo de su violación. La concursante sufre una crisis de ansiedad, suplica que paren el vídeo y pide que por favor la dejen marcharse. Pero la retienen contra su voluntad, y se le pide que “por el bien de José María (el presunto agresor) y ella no debe hablar de eso con nadie”. Somos testigos de una violación y de la perpetuación de la Cultura de la Violación en directo, grabada, y con la complicidad de todo un programa y su cadena. Todo por el espectáculo.
Se nos ocurren muchas maneras de cómo se podría haber gestionado este suceso; en primer lugar, evitándolo. No vamos a entrar en los detalles del vídeo del abuso por respeto a la víctima y porque no es desde el morbo desde donde denunciamos este caso. Pero una simple búsqueda sobre los hechos ocurridos dejan claro que no hay lugar a equívoco en las imágenes grabadas es que la víctima llega a decir “no” a pesar de encontrarse en un estado semiinconsciente, y que no es hasta pasado un buen rato, cuando “El Super” (que lo estaba viendo todo) llama a Carlota al confesionario. Tomar medidas legales de inmediato, sacar al presunto agresor de la casa, salvarguardar la seguridad de la víctima, darle asistencia psicológica o llevarla con sus familiares, y, sobre todo, no ponerle las imágenes era lo mínimo que se podía hacer. Y no se hizo nada de esto, sino todo lo contrario.
Tras este suceso le siguió lo típico que ocurre con las víctimas que denuncian una violación o agresión sexual: negación, defensa al agresor, incredulidad por parte de sus propios compañeros del programa, cuestionarla por haber seguido concursando… De nuevo ocurre con ella como también pasó con la víctima de La Manada: juzgarla por haber seguido con su vida, el no mostrar una vida aparentemente hundida para que su palabra sea creída, y como siempre, poner el foco sobre ella y su actitud en lugar de la del más que presunto agresor. Porque cuando una mujer es violada, no basta con haber sufrido ese abuso y lo que conlleva ese trauma, también está implícito el no superarlo y no tener derecho a continuar con nuestra vida para ser “una víctima real”.

Un dato muy concluyente es que Carlota, tras la agresión, estuvo unos días con sus familiares, decidió volver al programa, fue nominada por sus compañeros y expulsada por la audiencia. No se nos ocurre nada más revelador de cómo actúa la sociedad con las víctimas. El castigo para siempre es para ellas, por hablar y no permitir que su vida quede destruida por esto.

Este caso es un claro ejemplo de la cultura de la violación y como está impregnada en la sociedad en nuestro día a día.
Carlota ha denunciado esta agresión sin el apoyo del programa ni la cadena “Mediaset”. Dos años después de los sucesos, el presunto agresor (y matizamos que hablamos de presunto porque aún no existe una sentencia) pronto será juzgado por un delito de agresión sexual y la organización del programa sigue guardando silencio. Recordemos que a la víctima se le pidió su silencio y solo denunció tras la gravedad de los hechos y viendo lo que se les podía venir encima. Tras eso, solo han dado algunas explicaciones vanas por parte de algunos miembros de la organización y aquí no ha pasado nada. Es Carlota quien se ha movido, ha luchado para denunciar y contar su historia, se ha enfrentado a la incredulidad y al cuestionamiento y todo esto sola.

Desde Rebelión Feminista, manifestamos todo nuestro apoyo y sororidad a la víctima y denunciamos que no se haya tomado ninguna medida legal a los organizadores del programa y a la cadena. Exigimos responsabilidades a todo el que pudo hacer algo por evitar tal horror y no lo hizo. Todos sois cómplices y es imprescindible que así se juzgue.
Siempre con Carlota y con todas las víctimas, tanto de una agresión, como de una sociedad hipócrita y patriarcal que en múltiples ocasiones, ha demostrado que no está con ellas.

Carlota, no estás sola. Hermana, nosotras te creemos.

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