Machismo y Literatura

Octubre se acaba, y con ello termina por este año la iniciativa #LeoAutorasOct. No obstante, siempre es momento para leer y recomendar autoras porque sigue habiendo un machismo imperante en la literatura aunque ciertos señores (de los que hablaremos hoy) se atrevan a negarlo directamente.

La sociedad, y con ello la cultura actual, es machista, eso es indudable. Lo vemos a diario en las noticias, al salir a la calle, en las redes, en el trabajo, las películas, y por supuesto, los libros.

Se dice que el trabajo más antiguo de todos es el del cuentacuentos, puesto que el consumo de historias es el método más popular de entretenimiento. Sin embargo, y como es obvio, las historias que se contaban terminaban cambiando no sólo de expresiones, sino de trama, y a veces, hasta de mensaje. Es por ello que con la aparición de la escritura se viera un potencial enorme para poder recordar todo tipo de historias y empezaran a documentarse todas las posibles. Hoy en día conservamos algunas de estas historias y las seguimos contando por diferentes medios, de los cuales uno de ellos siguen siendo los libros.

No es de extrañar que en un mundo en el que a la mujer se le ha atribuido una inteligencia menor y a la que se le ha relegado al trabajo doméstico, estas no recibieran la educación suficiente para saber escribir, y si en algún momento lo hicieron, sus obras fueran directamente ocultadas tanto por la sociedad que las relegaba a la marginalidad como por pseudónimos.

«Yo me aventuraría a pensar el que Anónimo, quien escribiera tantos poemas sin firmarlos, fue a menudo una mujer

Virginia Wolf

Con este panorama histórico de por medio y siendo conscientes de lo que sigue ocurriendo a nuestro alrededor con las mujeres, ¿qué nos hace pensar siquiera que tanto la literatura como la industria editorial están libres de ser machistas? Y por supuesto, no sólo es machista, sino racista, capacitista y LGTBfobo. En general, el tema de las minorías nunca lo ha llevado especialmente bien la literatura ni la industria editorial.

En el artículo del año pasado de El Día de las Escritoras ya hablamos sobre algunos métodos que utilizaban las autoras para ocultar el hecho de que eran mujeres y poder publicar y cómo aún hoy lo siguen usando autoras actuales por recomendaciones de sus agentes o de las propias editoriales, puesto que parece que los hombres (de la edad que sean) pueden ver su frágil masculinidad amenazada al leer grandes libros escritos y protagonizados por mujeres.

No se puede negar, ya que ya llevamos un tiempo observando cómo se pone en duda la autoría de El Diario de Anna Frank, que han empezado a atribuírsela a su padre, o el cuestionamiento de la creación de la ciencia ficción por Mary Shelly. Todo ello parece estar relacionado precisamente con que a una mujer no se le considera suficiente para escribir una buena obra o para innovar en la literatura de tal forma que nazca un nuevo género temático o literario distinto.

Protagonistas femeninas

Las protagonistas femeninas siempre han dado de qué hablar en el mundo de la literatura, pues la mayoría de estas parecen tener el único propósito de ser el trofeo de algún mozo o simplemente ser el motivo de disputa entre dos hombres aun cuando ella es la protagonista. En cualquier caso, siempre ha de tener un destino relacionado con un hombre porque así es el imaginario colectivo en un Patriarcado y sus obras de ficción lo reflejan adecuadamente.

Se nos viene a la cabeza, por ejemplo, Marianela de Benito Pérez Galdós, que cuenta la historia de una niña que ha sido toda su vida maltratada y de la que nos dejan muy claro en todo momento que es muy fea. Ella trabaja de lazarillo para un ciego que corresponde sus sentimientos de amor hasta que finalmente él es operado de la vista y se acaba enamorando de su prima. Finalmente, Marianela se muere, y cito literalmente como está en el texto, de amor. El mismo amor romántico que colabora en tantos feminicidios, el mensaje que nos da la historia de Marianela es que el amor a un hombre es más importante que nuestras vidas.

También podríamos hablar de La Celestina, donde Melibea no es tratada más que como un trozo de carne para el caprichoso de Calisto. Podríamos hablar de muchísimas obras en las que las protagonistas femeninas no son tratadas ni siquiera como seres humanos, y eso sin salir del panorama español.

Son pocas las obras que se salen de este esquema, y las que lo hacen, vuelven a caer en estereotipos machistas en los que las mujeres adoptan comportamientos considerados puramente masculinos.

Pero eso no acaba ahí.

A menudo las protagonistas femeninas (y por extensión, los personajes femeninos en general) son odiadas sin motivo alguno. Victoria Álvarez reconoció en una presentación haber recibido críticas sobre su protagonista Helena Lennox, de la trilogía del mismo nombre, por ser maleducada y malhablada mientras recibía halagos sobre Arshad por los mismos motivos. ¿No apesta esto bastante a machismo? ¿No será que el problema lo tienen con Helena y no con Arshad porque ella es mujer? Además de tener que destacar que en la primera entrega, La Ciudad de las Sombras, es bastante infantil cuando es obvio que por lo general una persona de diecisiete años no va a ser demasiado madura. ¿No sería esto por la creencia de que las mujeres debemos ser sensatas, sosegadas y maduras para nuestra edad?

Mujeres y la Industria Editorial

Ahora pasemos nuevamente al panorama de las mujeres a la hora de publicar. Este año un autor en concreto ha querido hacerse notar por encima de todos debido a sus artículos en los que intenta convencernos de que la industria editorial no es machista utilizando, precisamente, argumentos machistas. Afirmando por un lado que las mujeres no publican más que los hombres ni reciben más premios porque escriben menos mujeres que hombres y por otro que hay más mujeres publicadas que hombres y que estos, especialmente cuando son blancos y heteros, tienen una mayor dificultad para publicar. Todo esto es obviamente falso y no hace falta más que ir a cualquier librería local a comprobarlo. No sólo eso, sino que los únicos géneros en los que vemos una cantidad contundente de autoras es en romántica e infantil y juvenil: los más feminizados, y casualmente, los más infravalorados. No obstante, precisamente los autores más destacados que fusionan ambos géneros son precisamente hombres, como Blue Jeans y Federico Moccia.

Pero este autor va todavía más allá: también asegura que los editores no se fijan en el género del autor y al mismo tiempo admite que se publica a autoras jóvenes por ser guapas. Por supuesto, tampoco le falta tiempo para despreciar la literatura escrita por las mujeres y los jóvenes, puesto que, según él, la calidad es muy inferior a la escrita por hombres mayores, cuyos libros dice disfrutar con placer a diferencia de los libros escritos por mujeres y jóvenes.

Y esperad, porque no se queda aquí. También cuestiona lo que leemos las mujeres y lo que hemos de escribir. Para él, las autoras que merecen ser leídas son unas pocas y muy concretas y que estas han de ocuparse únicamente sobre temas «femeninos» como las agresiones sexuales.

Incluso utiliza el hecho de que Dolores Redondo ganase el Premio Planeta y que sea superventas o que a un autor le rechazaran una obra que él considera buenísima más de setenta editoriales para «argumentar» que no existe el machismo en la literatura

¿Cómo pretende alguien convencernos que el panorama literario no es machista con tales «argumentos»? Parece más bien un autor frustrado al que por X o por Y no han querido publicar demasiado ni siquiera las editoriales más rancias. Sin embargo, ahí sigue, publicando en un periódico sobre literatura y hablando de lo muchísimo que maltratan a los hombres blancos heterosexuales en el panorama literario, que sí saben escribir, por publicar a autoras jóvenes, que sólo les publican por ser guapas y no porque escriban bien o estén innovando en el sector tratando temas olvidados.

Mientras tenemos a hombres como el señalado autor (al que no, no vamos a nombrar), la realidad es que este mismo año nos hemos encontrado con discursos como el del comunicado de la AEFCFT, donde trataban de ponerse una medalla por seleccionar cinco obras escritas por mujeres para su antología aun cuando la participación de estas ha sido sólo de un 25%. Las autoras no participantes, sin embargo, claman que ya se habían encontrado con problemas de machismo en estas convocatorias, por lo que habían decidido no participar y ahorrarse disgustos varios.

Otros indicativos del machismo en la literatura serían cómo hay más autoras hablando de padecer el síndrome del impostor o cómo se conocen las obras de Lope de Vega o Jordi Sierra i Fabra, reconocidas y reclamadas, o cómo estos autores son conocidos por su amplia obra, mientras que Corín Tellado, con más de cinco mil novelas escritas, es infravalorada e incluso olvidada actualmente pese a ser considerada la autora más prolífica y vendida de la literatura española.

Y es que no hace falta indagar mucho para darse cuenta de que el panorama literario sigue todavía la larga tradición patriarcal con la que se creó, véase cómo arañando la superficie nos encontramos con un enorme pozo de ponzoña.

Conclusión

Como en todos los ámbitos y trabajos, parece que se ha avanzado en materia feminista dentro de la literatura. Sin embargo, tanto protagonistas como autoras se enfrentan a estigmas y cuestiones que llevamos arrastrando desde su origen y no parece que vayan a solucionarse pronto. Por supuesto, hay editoriales que cada vez se esfuerzan más por apoyar y publicar a autoras, pero son pequeñas y con poco poder, mientras que las grandes siguen siendo dirigidas por y para señores bien asentados en sus posiciones, de modo que esta brecha continúa y las autoras siguen difuminándose en la historia.

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