“Final feliz”: La Prostitución de la que nadie habla.

La “libre” prostitución y la trata de mujeres, ese debate tan antiguo como la cultura patriarcal que hace posible su existencia; no es ningún secreto que cada día, hay mujeres que son secuestradas, violadas, engañadas, maltratadas… todo por convertirse en lo que dicha cultura espera de ellas, y de todas: ser mera mercancía. Por otra parte tenemos a las “escorts”, o prostitutas que “eligieron libremente” ser esa mercancía.

Pero es imposible hablar de libre elección en un sistema que nos condiciona desde que nacemos. Una prostituta podría haber elegido comprar la mercancía, al igual que el putero podría haber elegido libremente venderse. Pero no pasa, ¿verdad? Si una niña no crece con la idea de que está en el mundo para ser un objeto sexual admirado y deseado por hombres, en el futuro no habrá una mujer sintiendo la necesidad de ganarse la vida satisfaciéndolos por encima de todo, incluyendo su moral, autoestima y los límites de la legalidad.

Pero este no es el tema.

Dicho esto, hay un tipo de prostitución que está más accesible, y a la vez, más escondida de la considerada “tradicional”: Los masajes eróticos o “con final feliz”. Se podría decir que es como los hombres machistas; todos saben que existen y que perpetúan incesantemente la violencia sexista cada día con sus actos, pero ninguno de ellos es el violento. Todos matan lentamente y llaman asesino a quién está a su lado. De forma similar, ciertos locales encierran una cara oculta, moralmente cuestionable, que todos conocen pero todos niegan.

Se trata de un lugar dónde pagas para que alguien te acaricie los genitales hasta que eyacules. Alguien que está ganado dinero a través del sexo, masturbando a otras personas. Si esto es tan similar a la prostitución de “toda la vida”, ¿por qué no se habla de ella?

Uno de los factores principales es la tan escasa educación sexual que se nos da. Algo va muy mal si no se nos explica (y por lo tanto no identificamos) que si una persona te está estimulando los genitales para que tengas un orgasmo, está teniendo una relación sexual contigo, sin necesidad alguna de penetración. Lo que hace que se ignore la feminización de este “trabajo”, la situación de trata de muchas de las mujeres que lo llevan a cabo o cómo se las amenaza con despedirlas si no lo hacen. Todo ello como mecanismo mental y social para no darnos cuenta de que algo tan normalizado, no es más que otro caso de explotación sexual.

“Pero es que no hay penetración.”

Llegados a este punto, vemos que realmente el mayor y único motivo que realmente las impulsa a estar ahí es económico, lo cual significa que estamos hablando de violación. Sea en una esquina, en un burdel o en un salón de masajes, el delito que se está cometiendo es el mismo, con o sin penetración. Aquí también debemos ser conscientes de que precisamente la cultura de la violación hace que las agresiones sexuales en las que no existe penetración, no se tomen en serio. Todo ello confluye en el mismo sistema patriarcal que nos marca como reses para ser vendidas y compradas, para ignorar que nuestro consentimiento no es lo único que debe darse en una relación sexual sana, ya que ese consentimiento puede estar condicionado.

Una cuestión puede ser legal y, aun así, moralmente cuestionable. Cuestionemos pues la naturaleza y las razones de este tipo de prostitución. Confiemos que algún día no crezca ninguna niña creyendo ser libre de venderse, y sobretodo luchemos para que ningún niño crezca creyendo tener el derecho de comprarnos.

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