TLP y Violencia de Género

Hace un tiempo publicamos un artículo sobre los trastornos mentales que resultan incapacitantes en la sociedad capitalista, e introdujimos esta temática respecto al Trastorno Límite de la Personalidad. Sin embargo, no fue un apunte exhaustivo y creemos muy importante hablar más ampliamente de esta problemática para que podáis llegar a comprender el miedo real que tenemos de que se esté ignorando las consecuencias de la Violencia de Género y haciendo que las mujeres maltratadas sean vistas como enfermas o locas, al atribuirles un trastorno de este calibre por las secuelas de la violencia machista.

Nos parece destacable que casi un 75% de las personas diagnosticadas con este trastorno son mujeres, además de que la sintomatología de este trastorno es fácilmente enmarcable en el Síndrome de la Mujer Maltratada. Sin embargo, no sólo son diagnosticadas en torno a sus abusos las mujeres maltratadas, si no que la mayoría de personas diagnosticadas con este trastorno son o han sido víctimas de abusos de algún tipo. Se cree que el origen de la patología en sí es precisamente la existencia de esos abusos, descartando el origen genético o algún desorden físico.

El #TLP o #Borderline es un trastorno que curiosamente se diagnostica en su mayoría a mujeres maltratadas o víctimas de alguna #ViolenciaMachista, lo que nos hace pensar que quizá es otro cajón desastre del #Psistema

Síndrome de la Mujer Maltratada

Según la Dra. Lenore E. Walker, una experta especialista en violencia de género, una mujer debe experimentar al menos dos fases del ciclo de violencia antes de que pueda ser calificada de “mujer maltratada” (aunque nosotras creemos que se puede dar maltrato sin que se cumplan dos fases, o se salte alguna de ellas). El ciclo consta de cuatro fases que ya hemos tratado en este artículo.
1-Fase de tensión–construcción: El hombre hace comentarios que rebajan a la mujer, hay reproches desmedidos, control de lo que hace, como se viste, con quien habla, la degrada y avergüenza delante de otros.
2-La explosión o incidente: Golpes, insultos, discusión a gritos, menosprecio, intimidación, amenaza de asesinato a la propia mujer o a su familia, etc.
3-Fase de Reconciliación: El maltratador promete no volver a hacerlo, pone excusas de lo ocurrido, hace luz de gas a la víctima o directamente la hace culpable de la violencia ocurrida.
4- Fase de calma amorosa: Referida como la fase de luna de miel, el agresor se arrepiente, pide perdón, hace regalos, se muestra sumiso.
Este ciclo, no termina hasta que la persona rompe la relación, o el mismo ciclo culmina con el asesinato de la mujer maltratada.

Trastorno Límite de la Personalidad

La calificación límite ha sido considerada un cajón desastre durante muchos años y solía emplearse cuando un especialista no estaba seguro del diagnóstico del paciente. Este término surgió bajo la necesidad de un término paraguas que abarcara ciertos comportamientos, y se recurría a él cuando no se tenía claro si el paciente sufría una neurosis o una psicosis.
En la actualidad la denominación límite se concibe como un nivel avanzado y potencialmente grave de funcionamiento desadaptativo de la personalidad, un nivel habitual de comportamiento y un patrón duradero de funcionamiento alterado que si bien se puede estabilizar durante un considerable período de tiempo, dando la apariencia de un funcionamiento adaptado, persiste en el tiempo causando limitaciones notables en la calidad de vida de las personas que lo padecen.

Los pacientes con Trastorno Límite de la Personalidad presentan muchas dificultades en la adaptación a la sociedad actual, pues su comportamiento es distinto a lo esperado; muchos tienen historias traumáticas que no se tienen en cuenta si solo se exploran los criterios del DSM-IV-TR. Es por ello que muchas víctimas de violencia de género y otros tipos de abusos son diagnosticadas con este trastorno sin obedecer a su realidad clínica: Síndrome de la Mujer Maltratada. Utilizar los criterios del DSM de manera aislada es simplista y poco clarificador, además de problemático.

Sintomatología comparada.

1-Esfuerzos frenéticos por evitar un abandono real o imaginario.

Este síntoma podría ser consecuencia de un estilo de apego ambivalente, inestable o ansioso, debido a un patrón de maltrato continuado en el tiempo. Una mujer que sufre violencia de género, termina por necesitar a su agresor y crear una relación de dependencia realmente peligrosa, que la impide cortar la relación hasta que el nivel de violencia es muy alto o hasta que ya es demasiado tarde.

“Los maltratadores inducen a las mujeres a mantener una relación de dependencia (…) Es posible que las mujeres maltratadas posean un mayor nivel de dependencia de las personas con las que entablan contacto, aunque cometen el error de sopesar sus deseos o necesidades con lo que la persona puede o está dispuesta a dar”.


Dra. Lenore E. Walker

Una relación de maltrato se sostiene sobre dos grandes características: poder y control. De manera insidiosa al principio, aunque a medida que la relación se va estabilizando (gracias al control, la coerción, la manipulación, etc.) más indirectamente. Sin explicaciones, más allá del ‘porque yo lo digo’, ‘porque yo lo mando’, ‘porque yo lo sé y tú no’, ‘porque yo lo decido’. No existe la seguridad para creer, pensar o decidir, la voluntad de la víctima no existe: todo es el otro. De esta manera la mujer maltratada depende completamente de la relación con su maltratador para sentirse completa, para sentirse bien y querida.

2-Un patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación.

Esta conducta es también propia del ciclo de la violencia explicado por Walker hace más de veinte años. Dentro de las etapas del ciclo de la violencia, podemos incluir esa alternancia de comportamiento en las relaciones interpersonales.

“Los estudios también indican que las mujeres maltratadas con baja autoestima o disforia muestran un mayor control de percepción de su agresor, además de que utilizan con más frecuencia el consumo de sustancias, de desconexión conductual, la negatividad y la autoculpabilidad como mecanismos de defensa.”


Dra. Lenore E. Walker

Es fácil que una mujer maltratada idealice a su agresor como salvador de una situación primaria de violencia, haciendo de esta forma que esta mujer se crea en deuda con su maltratador. De esta forma, muchas mujeres no son capaces de salir del ciclo de violencia al sentirse culpables por abandonar esa relación después de todo lo que creen que el maltratador ha hecho por ellas.

De manera completamente paradójica, existen otras mujeres que, en un esfuerzo subconsciente de sobrevivir a la violencia de género, creen que tienen la obligación de ocuparse de su agresor porque si no él no podría valerse por sí mismo. Este comportamiento a menudo conlleva que estas mujeres se sientan también culpables de no ser suficientemente complacientes en todo lo que su agresor “necesita”.

3-Alteración de la identidad: autoimagen o sentido de sí mismo/a acusada y persistentemente inestable.

Es fácil que un maltratador mine la autoestima y la autoimagen de su víctima hasta hacerla creer que tiene suerte de que alguien la quiera, aunque ese alguien la haga daño. Un pensamiento recurrente en las mujeres maltratadas es “Si le dejo, ¿Quién me va a querer?” Partimos de la base obvia de que este pensamiento ha sido impuesto por el amor romántico y los cánones de belleza que se refuerzan con el maltrato psicológico. Todo el sistema se ha configurado de tal forma que ninguna mujer se vea suficiente a sí misma, y esto es lo que los maltratadores utilizan en nuestra contra.

Cash y Prunzinsky ya establecieron la relación entre la imagen corporal y la autoidentidad: Cómo poseemos una actitud con respecto a nuestra imagen que, según sea positiva o negativa, así repercutirá en el autoconcepto y autoestima.

De esta manera, vivir inmersa en un ambiente que repite constantemente que no vales para nada o que eres una inútil, genera una interiorización de este mensaje, aumentando cada vez más la credibilidad que le das al mismo. Si a esto le sumamos el aislamiento al que se ven sometidas las víctimas como resultado del propio proceso de maltrato, el único punto de comparación es aquel que, a su vez, está vejándola constantemente.

4-Impulsividad, en al menos dos áreas, potencialmente dañina para sí misma (por ejemplo, gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida)

Algo muy característico de muchas mujeres que son víctimas de violencia machista, ya no solo dentro de las relaciones de pareja, si no también los abusos intrafamiliares o con desconocidos o amigos, es que muchas responden de forma autodestructiva, llevando a ponerse en riesgo como una llamada de atención a aquellas personas que podrían ayudarlas a salir de la situación de violencia en la que están sumergidas.

Otro de los motivos por los que se abusa de sustancias como las drogas o el alcohol, es la falsa ilusión de escapar de la sensación de indefensión que causa la violencia. Casi nunca pensamos en las mujeres como consumidoras en función de bloqueo de emociones negativas que cumplen estas sustancias. Y no solo el consumo de drogas clásicas o alcohol, aquí también podríamos incluir la sobremedicación: el consumo de analgésicos, ansiolíticos y antidepresivos de manera patológica.

5-Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira.

Uno de los clásicos mecanismos de defensa inconscientes que tiene el ser humano es el de reflejar en otros nuestras inquietudes más grandes, llegando a explotar de forma incontrolada con quien menos culpa tiene. Es fácil que una mujer que sufre violencia de forma sistemática, fuera de esta relación abusiva, refleje todo ese dolor y esa ira con otras personas que por supuesto no tienen culpa de nada.

Es incluso insultante hablar de inestabilidad afectiva como síntoma y no como consecuencia directa del maltrato, teniendo en cuenta el control, sometimiento y coerción a la que está siendo sometida la víctima a lo largo de la relación abusiva. Lo destacable (e impactante) sería que una mujer maltratada afectivamente estuviera intacta, es inimaginable la tensión e indefensión a la que puede llegar a verse sometida en una relación de abuso. Todo lo que haga o diga, o el agresor imagine que haga o diga, puede ser susceptible de reproche, acusación o violencia.

6-Sentimientos crónicos de vacío.

Es lógico caer en un estado depresivo producto del proceso de “indefensión aprendida” en la que se encuentra la víctima, te sientes vulnerable porque se pone de manifiesto el descontrol que la mujer tiene sobre su vida y su situación constantemente. Leon Festinger ya hablaba de la “disonancia cognitiva” como un proceso en el que el sujeto debe compatibilizar dos ideas contradictorias, por un lado que “una pareja tiene que quererme” y por el otro que “mi pareja me pega, me insulta, me viola, etc.”. La depresión o los sentimientos crónicos de vacío parecen consecuencia lógica del proceso del maltrato. Parecen secuelas obvias de la violencia soportada en todos los ámbitos de la relación, sin embargo es uno de los “síntomas” del Trastorno Límite.

Conclusión

Resulta curioso pensar que, en un mundo donde existen múltiples estudios contra la Violencia de Género que demuestran como las consecuencias de esta violencia, crean sobre las mujeres víctimas un cuadro de síntomas denominado “Síndrome de la Mujer Maltratada“, se haya colado tan fácilmente un diagnóstico tan ruin y problemático como es el Trastorno Límite de la Personalidad, que sitúa el problema en la personalidad de la víctima y no en el abuso sufrido por parte del agresor.

Aún se sigue invisibilizando la violencia como una vergüenza para las víctimas y no para los agresores, aún sigue manteniéndose en el espacio privado, y muchas son las mujeres con jaquecas y fatigas crónicas, dolores de abdomen, insomnio crónico (y un largo etcétera diseminado en el síndrome explicado por Walker) a las que se medica sin atender a más razones. Espantosa es la situación de la realidad de muchas mujeres a las que se les ha colocado la etiqueta de Trastorno de Personalidad x, el más difundido es el trastorno de personalidad límite. Las etiquetas son meros vehículos comunicativos en contextos determinados (en nuestro caso, salud mental) pero que han sido desvirtuados por unos y por otros, y lo único que generan es frustración, miedo, dolor e incomprensión. Pero es que esta etiqueta además del dolor directo sobre las víctimas, produce una respuesta social que desvirtúa la situación de las victimas, y las revictimiza ignorando la responsabilidad de los agresores. Sin pretender faltar a las víctimas en esta situación de diagnóstico, y con nuestra máxima sororidad para ellas, reivindicamos la necesidad de que los profesionales investiguen más allá de unos síntomas y averigüen si realmente hablaríamos de una trastorno de la personalidad, o se están ignorando los gritos de auxilio de una mujer maltratada, abusada y revictimizada por la sociedad.

Bibliografía:

TLP, en la población en datos.
Trastorno Límite de la Personalidad y Violencia de Género
El Síndrome de la Mujer Maltratada
Trastornos de la Personalidad. Más allá del DSM-IV. Theodore Millon con Roger D. Davis, Masson, 1998
TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD. UNA APROXIMACIÓN CONCEPTUAL A LOS CRITERIOS DEL DSM.
Body image. A handbook of theory, research and clinical practice Guilford, Cash y Prunzinsky. (2004)
Teoría de la Disonancia Cognitiva de Festinger

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: