Trabajo Feminizado: Menos Dinero y Enfermedades No Reconocidas.

Cuando hablamos del trabajo feminizado lo primordial es comprender por qué lo está y cómo esto influye a su infravaloración, que sin duda tiene efectos devastadores en aquellas mujeres que los ejercen.

Los sectores de empleo feminizados son aquellos desempeñados principalmente por mujeres, aquí nos encontraríamos sobretodo el sector cuidados, en el sentido amplio de la palabra. Atendiendo a los datos del INE nos encontramos con unos porcentajes abrumadores entorno al 90% en cuidadoras de niños, enfermeras, limpiadoras, peluqueras y trabajos del hogar entre otros, que están desempeñados por mujeres. Pero esto por sí solo no es lo más preocupante, sino que estos datos interseccionan con que en los puestos altos en todas las profesiones las mujeres no están, y en muchos casos ni se las espera.

La implicación de los datos a  nivel económico es que las mujeres se encuentran en trabajos donde cobran menos y no están dadas de alta en la Seguridad Social. Pero esta norma, no se da solo en aquellos sectores de cuidados, si no que se da por tendencia una devaluación de las condiciones laborales cuando las profesiones empiezan a estar feminizadas, sin relación con el nivel educativo de aquellas mujeres empleadas. Cuando comparamos trabajos que exigen bajos niveles educativos, la brecha salarial es clara y a mayor nivel de estudios esta brecha se reduce, aunque sigue existiendo. Incluso dentro de la misma categoría y sector encontramos diferencias, en las profesiones mayoritariamente masculinas, los niveles educativos son más altos.
Si las causas no pueden ser achacadas a la categoría, la formación, ni al sector; la única diferencia que queda por analizar es la variable de género.

Enfermedades Laborales

Pasando al ámbito de consecuencias en forma de enfermedades y accidentes laborales existen también diferencias: hay mayor prevalencia de accidentes laborales en las profesiones maculinizadas pero debemos ver en su conjunto estos datos:

En el ámbito sanitario el ratio de mayores enfermedades laborales se da en enfermería y auxiliares, por el mayor trato con los pacientes y su cuidado, lo que implica una mayor prevalencia de agresiones o contagios. Aunque se debería analizar también el carácter de género de estas agresiones, ya que muy probablemente nos encontramos con sesgos de género aquí también. En el sector hospitalario se da en mayor proporción dermatitis y todas las enfermedades mentales ligadas de forma directa con el síndrome del trabajador quemado (depresión y ansiedad, entre otras).
En el ámbito educativo nos encontramos de nuevo con el síndrome del trabajador quemado, ansiedad, depresión y nódulos vocales.
En el sector de cuidados, exceptuando los sanitarios que ya hemos hablado de ellos, nos encontramos de nuevo con esta prevalencia. Añadiendo los problemas musculoesqueléticos que pueden surgir de cargar de personas dependientes.
En los trabajos de limpieza las enfermedades musculoesqueléticas son las más habituales, sin embargo no se reconocen en normativa como asociadas a estas profesiones. Un ejemplo de este fenómeno es que no ha sido hasta hace poco que se ha reconocido el síndrome del túnel metacarpiano como enfermedad laboral.

Estos datos nos ayudan a hacernos una visión general de los problemas que se plantean en las profesiones feminizadas. Por una parte, se reconocen muchas menos enfermedades laborales que en las profesiones masculinizadas; por otra, las más habituales solo se reconocen como accidentes laborales en casos muy concretos. Estas últimas son todas derivadas de las cargas de estrés y emocionales de los propios trabajos. Están reconocidas como accidentes laborales: el Síndrome depresivo reactivo a acoso sexual, la depresión por una modificación de las condiciones del trabajo, el síndrome de desgaste personal y el estado de ansiedad por una situación de conflicto laboral en la empresa con o sin mobbing. Pero ninguna de ellas se encuentra en el cuadro correspondiente a enfermedades laborales con las consecuencias que esto ocasiona. Por tanto los datos son fiables hasta cierto punto, si las principales enfermedades y accidentes en las profesiones feminizadas no son reconocidos como laborables necesariamente las cifras van a ser más bajas.

Además, no es solo en este aspecto donde el género juega un papel fundamental, el estudio de las enfermedades laborales asociadas a los géneros no se ha llegado a producir después de la incorporación de las mujeres al ámbito laboral y en los casos donde se ha realizado se ha limitado a las diferencias relacionadas con el aparato reproductor. Las diferencias en las afectaciones ante la exposición a sustancias, en relación a la toma de hormonas, o posturales en relación a las diferentes características físicas son obviadas en el mejor de los casos, mientras que en el peor, se tratan desde la fisionomía puramente masculinizada.

Conclusiones

Existe una doble problemática en las labores feminizadas, la mayor parte de enfermedades laborales de estas profesiones no se reconocen en la normativa correspondiente y falta análisis con perspectiva de género en relación a los riesgos laborales de estas profesiones y todas las demás; a lo que debemos sumarle la menor retribución que implican. Todo esto redunda en un empeoramiento sistemático de las mujeres en el mundo laboral que no debe ser ignorado o minimizado.

Ignorar los riesgos laborales a los que las mujeres tenemos acceso, es ignorar una problemática de género y de clase que desde el principio venimos reclamando, es ignorar un sesgo machista que vulnera los derechos de todas las mujeres obreras en su conjunto y repercute en cómo decidimos acceder al mercado laboral (la mayoría con trabajos temporales o de media jornada, que nos permitan seguir realizando las tareas domésticas.)

Somos la mitad de la población mundial y de la fuerza de trabajo, no podemos seguir siendo ignoradas.

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