Prostitución: la manipulación histórica de las regulacionistas.

En los últimos tiempos el discurso regulacionista ha tomado fuerza y protagonismo en España. Por ello el feminismo ha tenido que enfrentarse a la cuestión de la prostitución con dos soluciones diametralmente opuestas: abolición o regulación. A nivel formativo, en varias ocasiones se le ha dado una oportunidad al discurso regulacionista pero en esos intentos de acercamiento de posturas nos hemos encontrado muchas de nosotras en cada charla, texto o estudio por parte de particulares y/o asociaciones regulacionistas, una descalificación reduccionista y falsa constante al abolicionismo.

En este artículo vamos a analizar históricamente el fenómeno de la prostitución hasta la Edad Media para desmentir cada afirmación que se ha llegado a realizar desde que las abolicionistas somos unas moralistas y puritanas que odiamos a las prostitutas hasta que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo. Asimismo también se va a exponer información omitida por el regulacionismo, como que la Iglesia Católica ha llegado a apoyar la prostitución históricamente.

El origen de la prostitución: la propiedad privada.

Imprecisamente se ha llegado a hablar del origen de la prostitución en el inicio de la Prehistoria, en un estadio natural y primitivo donde no existía la propiedad privada, tratándose de una contradicción de la aportación mayoritaria de historiadores, antropólogos, psicólogos y sociólogos (P.E: Conkey y Trighman, Morgan, Freud, Durán, Campbell, Gómez-Tabanera, entre algunos autores que vamos a citar) que han defendido la existencia de sociedades matrilineales (sistemas sociales en las que la adscripción de los hijos se realizaba por vía materna, por lo que los ancestros familiares son parientes de la madre) y matrilocales (sistema de convivencia de familia extensiva en el cual una pareja vive con la madre de su pareja y sus ancestros), en las que pervivían una cultura matrifocal (entendida por Smith como aquellas en las que la madre era de facto la líder de la casa, y el padre era de iure el cabeza de familia) en la mayoría del mundo.

Asimismo, las autoras Conkey y Trigham entendían estas sociedades como aquéllas en la que la mujer tenía un lugar de honor y respeto, pero no implicaba dominio sobre los hombres, ya que no se encontraban casi diferencias en el modo de enterrar, ni encontraban similitudes a las jefaturas patriarcales en estructuras matriarcalistas, sino que se trataba de una sociedad bastante igualitaria. En palabras de las reconocidas arqueólogas:

Era solo la natural reverencia de los poderes ligados con la Madre Tierra y las mujeres.

Consecuentemente se debería situar la aparición de la prostitución con la propiedad privada, y paralelamente a la institución del matrimonio, y no al revés creándose desde un inicio la dicotomía entre la mujer prostituida y la mujer casada, cuestiones indisolublemente unidas. Así dicha vinculación matrimonial entre hombre-mujer implicó una dependencia femenina que desembocó en la pérdida del poder de la mujer, se fue introduciendo progresivamente y sustituyendo al antiguo modelo de familia con un modelo familiar patriarcal, que persiste hasta nuestros días.

“Los sociológos se han dedicado a defender la teoría según la cual todas las sociedades humanas habían pasado de estado matrilineal a uno patrilineal”


Claude Levi-Strauss

“Existen pruebas que sustentan la opinión de que las antiguas sociedades estatales poseían instituciones matrilineales inmediatamente antes e inmediatamente después de alcanzar la categoría de Estado”


Robert Stephen Briffault

Para matizar, la familia patriarcal consistía en que la mujer era relegada a las tareas domésticas y de cuidados de los hijos, se les arrebató la propiedad del suelo, quedando este en manos exclusivamente del hombre; el único que podía autosostenerse y siendo el encargado de sostener a toda la familia convirtiéndose en el cabeza del Núcleo Familiar. Además apareció la monogamia como  sistema político sexoafectivo dominante, de modo que la mujer intercambiaba sexo con su pareja a cambio de sustento, por consiguiente, la mujer vio mermados los trabajos con los que podía autosustentarse sin depender de un hombre, así como el status que ostentaban, ya que no se podían dedicar a profesiones singularmente femeninas primitivas: alfareras, agricultoras, recolectoras…

Tras la revolución agrícola se fue imponiendo progresivamente, como hemos dicho, la propiedad del suelo a los hijos varones (herencia patrilineal), la mujer perdió la propiedad sobre la tierra y por tanto su valor económico, siendo su única función la de procreadora y cuidadora surgiendo la prostitución como un servicio fruto de la pérdida de la emancipación femenina, donde los hombres comenzaron a acudir a la prostitución para satisfacer sus deseos sexuales. Os equivocáis regulacionistas, la prostitución no es el oficio más antiguo del mundo, antes de ser putas las mujeres fueron chamanes, fueron alfareras, fueron agricultoras pero sobretodo fuimos poderosas en las sociedades. No éramos sometidas por el matrimonio ni la prostitución.

“Una vez al año en cada poblado ponen juntas a todas las mujeres en edad de casamiento, y el pregón del pueblo las alza una por una poniéndolas en venta. Los babilonios ricos se quedan con las más bellas y los pobres con las feas, pero se consuelan ganando algún dinero, puesto que el dinero conseguido de las más bellas sirven como dote a las menos agraciadas. “

Herodoto de Halicarsano
Mercado de Mujeres de Babilonia. Edwin Long, 1875, Royal Holloway College, London.

Desde el punto de vista socioeconómico y político, el intercambio de sexo  por dinero o bienes materiales requiere de una acumulación de capital o bien una diferenciación social entre hombres y mujeres, que no se pudo haber dado hasta el origen de la propiedad privada donde los registros históricos datan la prostitución religiosa en mesopotamica en el siglo XVII a.C como la primera, para ser más exactos en la región de Sumeria con la Epopeya de Gilgamesh. También se encontró presente en la región de Babilonia como una prostitución ritual y de hospitalidad con los hombres procedentes de pueblos extranjeros.

“La más injusta de todas las costumbres de los babilonios es la siguiente: toda mujer del país debe ir una vez en su vida al santuario de Afrodita y unirse a un hombre extranjero. (…) En cambio, la mayoría actúa así: en el santuario de Afrodita se sientan muchas mujeres con una corona de cuerda alrededor de la cabeza: unas van y otras vienen. En todas direcciones unos senderos señalizados pasan entre las mujeres y, al deambular por ellos, los extranjeros eligen.”

Herodóto de Halicarsano

Como hemos visto a través del historiador Herodóto la mujer era percibida cuanto menos como un objeto en la Antigua Mesopotamia, donde la sociedad se dividía entre hombres libres y esclavos, y la mejor fuente para tener conocimiento de ello, es el Código Hamurabi, un conjunto de leyes que nos permite conocer su situación. Así las mujeres casadas eran consideradas una propiedad de sus maridos, o en su defecto de sus padres. (151§, 137§, 138§ p.e) Entre varias de las situaciones a las que se enfrentaban estas mujeres mesopotámicas eran servir como método de pago por una deuda contraída por su marido, se castigaba el adulterio con pena de ordalía de agua y la violación estaba severamente castigada si la mujer era casada, con la pena de muerte del violador, pero en caso de que fuere soltera el violador debía casarse con la mujer violada y compensar economicamente al padre de ella, y si fuera una esclava a su amo.

La prostitución era eminentemente religiosa y por tanto estaban vinculada con la diosa Ishtar, la diosa del amor, por eso mismo eran llamadas “ishtaritu”, “ofrecidas a Ishtar” o “gadishtu”, y su objetivo era ofrecerse por dinero a los hombres que buscaban sus servicios para dar al templo sus ganancias. A pesar de que la prostitución era vista como una institución ineludible para los mesopotámicos, lo cierto es que no era bien vista y la prostituta sufría el estigma desde sus inicios, ya que se consideraba que no había cumplido con su obligación de casarse y tener hijos. Las prostitutas desde su origen fueron maltratadas,estigmatizadas y vistas como un objeto al servicio de los hombres, millones de años después, nada ha cambiado.

Ven cortesana, que yo te diga tu destino y que yo te maldiga con una gran maldición… Jamás construirás un hogar feliz, jamás te introducirás en un harem, la cerveza ensuciara tu bello seno, tus arreglos serán salpicados por el vómito del borracho, habitarás en la soledad y te ubicarás en las murallas, las espinas lastimarán tus pies, los borrachos podrán abofetearte.”

La epopeya de Gilgamesh

La Prostitución en la Antigua Grecia

La principal diferencia entre la prostitución en la Grecia Arcaica y la Antigua Mesopotamia era la popularización de la prostitución pagana y la incorporación de hombres jóvenes como prostitutos, aunque seguía existiendo prostitución eminentemente religiosa y su clientela eran hombres.

Para poder hacernos una idea, debemos de tener en cuenta varios factores que en la sociedad griega se daban los siguientes factores, por un lado los hombres prostitutos no podían ser ciudadanos y debían de ser jóvenes ya que la actividad sexual de ser ciudadano estaba bien visto si la persona penetrada era socialmente inferior, mientras que al revés era visto como una deshonra. Eran personas socialmente inferiores: las mujeres, los esclavos, los jóvenes, las prostitutas y los extranjeros.

Por otro lado, las mujeres como seres considerados socialmente inferiores podían ocupar tres posiciones en la sociedad en atención a los servicios prestados a los hombres:

  • Las mujeres casadas (no adquirían la condición de ciudadanas), eran las esposas de los ciudadanos y su rol principal era cuidar al marido, la casa y procrear hijos legítimos. No podían heredar, no podían abandonar la casa excepto para acudir a ritos religiosos.
  • Las concubinas, eran las esposas de segunda, todas aquellas mujeres que vivían en el núcleo conyugal si la esposa legitima lo aceptaba, estaban dedicadas exclusivamente a complacer al hombre y sus hijos eran considerados bastardos que no podían heredar.
  • Las prostitutas, eran mujeres con una vida social activa, no se esperaba de ellas que tuvieran hijos y podían heredar y disponer, si adquirian bienes, con total independencia. Era la salida patriarcal a la servidumbre del matrimonio y adquirir una autonomía limitada y estigmatizada.

“Tenemos a las hetairas para el placer, a las concubinas para que se hagan cargo de nuestras necesidades corporales diarias y a las esposas para que nos traigan hijos legítimos y para que sean fieles guardianes de nuestros hogares”

Demóstenes. (Discurso contra Neera)

Dentro de las prostitutas, habían que establecer diferentes categorías antes de llegar a las hetairas como señalaba Destomenes, éstas eran la minoria con una gran formación cultural y artística accesible para “hombres letrados”, es decir filósofos y políticos por ejemplo. La gran mayoría de prostitutas eran las pornai que se encontraban en una situación de precariedad absoluta y vulnerabilidad, ya que acababan en el ejercicio de la prostitución al ser arrendadas por ser esclavas y sus dueños convirtiéndose en proxenetas. Era una prostitución low-cost que permitía el acceso de todos los hombres sin importar su estrato social al cuerpo de las pornai.

También estaban las prostitutas independientes, que eran mujeres que no podían encontrar otro trabajo (p.e: viudas) o pornais que habían logrado su libertad, éstas ejercian la prostitución en la calle y debían estar registradas.

Aunque resulte díficil de creer la prostitución se llegó a legalizar por primera vez en la civilización occidental por el legislador Solón en Atenas en el siglo V a.C siendo una actividad regulada y sujeta a impuestos. Se creó el primer burdel público (Dicterion). Estos eran gestionados por el Estado que se encontraban situados en barrios marginales donde celebraban fiestas y banquetes con clientes con los que posteriormente mantenían relaciones sexuales.

Además la visión que tenían los griegos de las prostitutas se puede analizar a través de las diferentes ilustraciones legadas el carácter mercantil que regía la relación (Una mujer recibiendo una bolsa con dinero de su cliente) Al respecto se puede señalar el testimonio avalado de Sólon señalando que los prostitutos que vendían su cuerpo por dinero igualmente podían vender los intereses de la comunidad. La Antigua Grecia era una sociedad machista, clasista y esclavista lo que propició unas condiciones de desigualdad entre hombres y mujeres, ciudadanos libres y esclavos que a través de la regulación mantuvieron el statu quo e incluso incrementaron la prostitución sin la mejora de las condiciones de las prostitutas más vulnerables.

La Prostitución en la Antigua Roma

En la Antigua Roma, al igual que en la Antigua Grecia la prostitución era habitual pero sin embargo se le despojó del factor religioso de otras civilizaciones y era ejercido mayoritariamente por mujeres, aunque también había hombres prostitutos (esclavos sobre todo).

“En la sociedad romana, la infamia era el principal rasgo caracterizaba a este oficio, ya que se consideraba que las prostitutas carecían de dignidad moral precisamente por el hecho de ejercer la prostitución. La infamia que cometían estas mujeres radicaba en el hecho de que ponían a la venta su cuerpo sin dedicarlo exclusivamente a la procreación, como hacían las demás mujeres”

Lucía Avíal Chicharro (Breve historia de la vida cotidiana del Imperio Romano)

Hasta el momento al igual que en otras civilizaciones, a las prostitutas no se las ha respetado jamás, han sufrido el estigma desde el inicio con provisiones de los mercados de esclavas, al no gozar de la honorabilidad que el patriarcado ha impuesto durante miles de años a las mujeres. No era menos de esperar que para la sociedad romana la prostitución constituyera una institución necesaria para que los jóvenes se desfogaran. Dado que al ser un negocio muy rentable que se encontraba reglamentado logró datar, sólo en la ciudad de Roma hasta 32.000 prostitutas oficiales en lupanares (prostíbulos). De ahí que en la cultura popular se crea que quién amamantó a Rómulo y Remo fue una prostituta.

“Es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres”

Catón el Viejo

En aquel tiempo, las prostitutas podían englobarse en varias categorías entre las que podemos destacar: delicatae (eran las prostitutas de lujo reservadas para altos mandatarios e intelectuales), pala (eran las prostitutas que no tenían posibilidad de elección de su cliente) y meretriz (aquella prostituta que ofrecía sus servicios por sí misma sin utilizar intermediarios). Al estar la prostitución reglamentada algunas de ellas trabajaban con licencia y otras no, normalmente estaban registradas las que trabajaban en lupanares y recibían una licencia de prostituta: la licencia strupi. También existía la prostitución callejera mucho más díficil de controlar, y se ejercía la prostitución en lugares tan pintorescos como los cementerios o cerca de teatros.

“En estos lupanares encontramos a las mujeres de clase más baja como mujeres simplemente pobres, viudas, extranjeras, taberneras, y también esclavas, todas ellas probablemente sufriendo la tutela de un leno o proxeneta, el cuál se quedaría con una gran parte de sus ingresos mientras ellas recibían en su cella a un sin fin de clientes al día”

Paloma Serrano-Viñuelas (Marginadas: la realidad de ser prostituta y esclava en la Antigua Roma)

Las prostitutas no eran perseguidas por la Ley aunque veían limitados algunos de sus derechos: no podían heredar ni casarse con hombres libres. Se estableció la prostitución como un modo de subsistencia para aquellas mujeres que no tenían otra salida económica. Pero sí tenemos en cuenta el estigma de que la mujer romana tuviera relaciones sexuales antes del matrimonio, las mujeres que eran lamentablemente violadas antes de contraer matrimonio en esa época y las esclavas que conseguían comprar su libertad, solamente tenían dos salidas: el concubinato o la vuelta a la prostitución, dos sistemas de servidumbre inherentemente femeninos. Una elección basada en cual de las tres jaulas quieres vivir sin romper tus cadenas.

La división patriarcal creada y sustentada entre mujeres casadas y prostitutas se ha visto reflejada a lo largo de toda la historia de la Antigua Roma, así según recoge la autora Virginie Girod, doctora en historia antigua, las mujeres casadas no debían de practicar sexo oral o dejar que se les practicará, ya que esta tarea estaba reservada para prostitutas y esclavos, el fellator y la fellatrix fueron despreciados socialmente y por ello, este término adquirió una connotación negativa.

La Prostitución en la Edad Media: El apoyo de la Iglesia.

Quizás ésta sea la parte más chocante del artículo ya que desde las grandes figuras del regulacionismo en númerosos artículos de prensa y conferencia, se ha relacionado al abolicionismo con el puritanismo que está en contra de de la prostitución por un sesgo judeocristiano de nuestra sociedad. Lo cierto es que desde Rebelión Feminista condenamos la exclusión de las prostitutas y la putofobia, y debemos de evitar la puridad ideológica propia de cada una de nosotras para ayudar lo máximo a las mujeres prostituidas que quieren dejar la prostitución y no pueden por sus circunstancias socioeconómicas y culturales. Aunque las afirmaciones de este sector regulacionista ya que se contradicen con la realidad histórica ya que desde la Edad Media la Iglesia vió a la prostitución como un mal necesario que debía preservarse a toda costa para evitar la homosexualidad y el adultero con otras mujeres casadas por parte de hombres.

“Si se eliminará la prostitución de la sociedad, se desestabilizaría todo debido a los deseos carnales”

San Agustín de Hipona

A causa de la influencia de la Iglesia que tenía en los órganos del Estado, la prostitución llegó a regularse en numerosos países, entre ellos en España, país en el que nos vamos a centrar. La actividad que ejercían las prostitutas se realizaba en los extramuros de las ciudades alejadas de la sociedad, creándose prostíbulos o burdeles en calles decoradas muchas veces con una rosa (de ahí la expresión “arrancar una rosa” para referirse a contratar a una prostituta.) donde los hombres podían ir satisfacer sus deseos. Pero el estigma de las prostitutas seguía existiendo y se las obligaba a vestir con indumentaria para diferenciarlas y evitar que se mezclaran con el resto de mujeres.

En muchas ocasiones se intentó la expulsión de las prostitutas de los núcleos urbanos pero ante los fracasos intentos y el despotismo que ejercían los dueños de las casas de mancebía (prostíbulos decoradas con ornamentación de ramas, de ahí la palabra ramera para referirse a la prostituta), en los primeros años del Siglo XVI en España a través de una serie de ordenanzas se regularon una serie de medidas dirigidas a la protección de las prostitutas; vestimenta que debían llevar, el veto de hombres casados de acudir a la prostitución, el pago del alojamiento, la apertura y el cierre del local, así como las tasas que debían pagar al “padre” (dueño) de la mancebía.

A pesar de ello, ellas estaban muy lejos del reconocimiento social y de la protección ficticia que esas ordenanzas pretendían dar, ya que por ejemplo la violación de una prostitución no era considerado un delito y las podían secuestrar, sin encontrar su secuestrador represalías. Los proxenetas seguían abusando de ellas aprovechándose de que la mayoría que ejercían la profesión no tenían ningún lazo en la ciudad, es decir eran viudas, extranjeras, o solteras, con una sobreimposición de tasas fiscales y económicas, como el establecimiento de castigos corporales sí desobedecían.

Paralelamente se crearon instituciones, generalmente administradas por monjas y financiadas por las clases dominantes eran las llamadas casas de arrepentidas dedicadas a dar acogida a mujeres que habían ejercido la prostitución pero se habían arrepentido de ello. En España a voz de pronto, se encontraban en todo el territorio nacional pero podemos destacar las casas de recogida de Cádiz, las casas de arrepentidas de Madrid o las casas de arrepentidas de Toledo. Debemos de entender que estas casas de arrepentidas no pretendían combatir la explotación sexual, sino que era la única alternativa que tenían las mujeres ex-prostitutas: vivir alejadas del resto y en penitencia. Solamente podían abandonar las casas para los dos destinos que tenían las mujeres de la época: el matrimonio o el ingreso como religiosa.

Consecuentemente, no podemos hablar de la institución histórica de la prostitución como una institución empoderante donde las mujeres en su mayoría decidían acudir por libre elección, sino de la institución antagónica por antonomasía al matrimonio, donde la categoría de propiedad privada engloba a la mujer: el matrimonio no puede existir sin la prostitución, no es posible la existencia de la mujer casada sin la mujer prostituta, y viceversa. Aunque en ningún momento negamos la existencia de mujeres que decidieron igualmente ejercer la prostitución a pesar de no necesitarlo económicamente o ser víctimas de violencia sexual, pero lamentablemente no eran la mayoría. Desde Rebelión condenamos la hipocresía histórica de la Iglesia, el Estado y la sociedad, que han dominado y mercantilizado los cuerpos de las prostitutas para obtener un beneficio económico, a la vez que sostenían el estigma que las abocaba a la marginación y al desprecio social.

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