Socialización de género y Neurodivergencia

La socialización de género y la formación de la identidad de género es un tema que ya se ha abordado en este portal con relativo rigor. ¿Pero qué pasa con la comunidad autista? El trabajo realizado al respecto no es del todo aplicable este colectivo, dado que su condición en toda su heterogeneidad influye muy decisivamente en su desarrollo psicosocial de tal manera que es divergente con respecto al de las personas alistas. No en vano hay un porcentaje de gente trans  significativamente superior en aquellas personas diagnosticadas como TEA con respecto a la de  aquellas que no son autistas. Esta circunstancia no ha sido especialmente estudiada por la ciencia  debido a la invisibilización de ambos colectivos, trans y autista, aunque sí que es cierto que hay  algunos trabajos científicos al respecto que pretendemos visibilizar con este artículo.

Sesgo de Género en el Autismo

La detección del trastorno de espectro autista (TEA) se ha incrementado en los últimos años, en parte debido a las mejoras de los métodos de detección y en parte a las modificaciones en la definición que se han ido incorporando a los manuales diagnósticos. Este incremento ha provocado que el índice de prevalencia por género sea en la actualidad de un 1,4/1, según algunos autores, o hasta de un 15,7/1 según otros, con un número muy superior de varones que reciben el diagnóstico en comparación con el número de mujeres. Las distintas explicaciones que se han dado a esta cuestión apuntan a unas determinadas diferencias de género en las manifestaciones sintomáticas del trastorno, unido a que las técnicas de evaluación que se han venido utilizando han sido mayoritariamente diseñadas pensando en una muestra con varones (Androcentrismo de la Medicina) y, por tanto, con una mayor precisión para la detección en el caso de ellos. Asimismo, se habla de un fenómeno de camuflaje entre las mujeres con el trastorno, especialmente en los casos de alta capacidad cognitiva, quienes suelen tener mayores habilidades para compensar las dificultades de comunicación e interacción social propias del TEA. Todo esto podría estar llevando a que se estén dando casos de falsos negativos entre las mujeres que podrían tener TEA y que no se diagnostican.

A día de hoy el movimiento Autista se apunta que existe un sesgo en cuanto a los procesos de diagnóstico del TEA, sufriendo la comunidad autista al igual que la comunidad alista, una masculinización de la medicina. Un ejemplo de esto podría ser como la sintomatología utilizada en los infartos solo afectan a aquellas personas con testosterona, que en la sociedad cisnormativa se traducen en hombres.

El Género.

Como ya sabemos, porque lo hemos tratado en otros artículos, el género es un constructo social que nos imponen desde la sociedad y la socialización que llevamos a cabo. Pero esta socialización es modificada en gran medida por cómo vivimos en sociedad, ergo hay una extensión de la socialización como personas discapacitadas o como personas autistas, porque nuestra vivencia en sociedad no es la misma que la del resto.

La mayor problemática que existe con todas las personas con algún diagnóstico psiquiátrico y la transgeneridad, es que no son tomados en serio. Las personas trans que además sufren algún tipo de problemática o neurodivergencia, sufren las violencias derivadas de ambas partes. Por un lado sufren las violencias de los especialistas de la Salud Mental en cuanto a su salud y por el otro, las violencias de las instituciones al negárseles su propia identidad al ser considerados “Enfermos” y que su criterio se vea puesto en duda por ello.

Muchos autores han descrito una preponderancia de transgeneridad en personas TEA.  De Vries et al. (2010) informaron que el 7.8% (n=16) de los niños y adolescentes diagnosticados con disforia también fueron diagnosticados con autismo, en una muestra de 204 niños y adolescentes. Pasterski et al. (2014) encontraron que el 5.5% de los adultos con disforia también tenía rasgos autistas (n=3 Mujeres Trans y n=2 Hombres Trans), en comparación con los informes de diagnósticos clínicos de 0.5 a 2.0% en la población general. De estas conclusiones parece obvio extraer que hay un relativo porcentaje de individuos transgénero en personas TEA. Hecho que ya desde la comunidad autista llevan reclamando años, pero del que apenas hay suficiente documentación para llegar a unas conclusiones definitivas. Con este artículo no pretendemos definir una norma ni dar por hecho cuestiones de una comunidad heterogénea, pretendemos dar visibilidad a un hecho que lleva mucho tiempo silenciado. Un desafío obvio para nuestra comprensión del género en el TEA es el pequeño número de informes y estudios existentes.

Sin embargo, hay una serie de desafíos adicionales. El primero surge de la confianza en el diagnóstico categórico: Las preocupaciones relacionadas con el género actualmente están codificadas en el DSM-V bajo el diagnóstico de “disforia de género”, lo que refleja un cambio en las ediciones anteriores del DSM-IV que consideraban a los pacientes transgénero como “trastorno de identidad de género”. Este cambio fue significativo por varias razones: contradice la idea de que ser transgénero es una enfermedad mental, al tiempo que conserva la capacidad de los médicos para proporcionar una etiqueta para aquellas personas que pueden sufrir trastornos psiquiátricos, debido a preocupaciones relacionadas con el género, para que puedan recibir apoyo del seguro para someterse a un tratamiento adecuado a sus necesidades. A pesar de las críticas continuas sobre la inclusión de la “disforia de género” en el DSM-V, muchos consideran los cambios como una mejora significativa, especialmente simbolizada en una declaración de los presidentes de la Asociación Mundial de Profesionales para la Salud Transgénero.

Teorías de Género y Autismo.

Aunque se han propuesto varias hipótesis para vincular causalmente el autismo con la disforia, hay una falta de evidencia sólida que apoye muchas de estas suposiciones. Además, la evidencia que respalda estas “teorías” (más precisamente, hipótesis) está por todas partes, y a menudo es difícil de reunir en argumentos convincentes y coherentes. Sin embargo, echemos un vistazo a algunas de estas hipótesis :

  1. “De acuerdo con la teoría extrema del cerebro masculino, las mujeres están diseñadas para pensar en términos más empáticos; mientras que los hombres son más sistemáticos en su pensamiento. Además, algunos autores dicen que los altos niveles de testosterona en el útero dan como resultado un patrón de pensamiento masculino o cerebral masculino extremo, que conduce tanto al autismo como a la disforia de género. Aunque hay pruebas limitadas que apoyan algunos de los razonamientos detrás de la teoría extrema del cerebro masculino, una discrepancia evidente es que los niveles elevados de testosterona que conducen a un cerebro masculino no explican por qué los niños asignados al género, que ya tienen un cerebro masculino, desarrollan autismo y disforia de género cuando se expone a niveles más altos de testosterona. En cambio, estos niños deben ser hipermasculinizados y aún más Hombre en su pensamiento.”
    Esta hipótesis explica solo por qué “las niñas” (tal y como el estudio se refiere a niños trans) pueden desarrollar estas condiciones, desde una perspectiva una misógina y que ya ha sido desmentida en múltiples ocasiones.
    Las diferencias neurofisiológicas entre hombres y mujeres no son innatas, si no que son creadas por el ambiente, pues el género no es una cuestión meramente biológica, si no social influyenciada por las construcciones sociales de nuestra sociedad cisnormativa.
  2. “La dificultad con las interacciones sociales también se ha utilizado para explicar el desarrollo de la disforia en niños autistas. Por ejemplo, un niño que es acosado por otros niños puede llegar a disgustar a esos niños e identificarse con las niñas.” . Estas cuestiones reducirían la transgeneridad a una mera representación de los roles asignados, algo que no tiene nada que ver con la transgeneridad. Una mujer trans puede ser “masculina” y sigue siendo una mujer. De nuevo esto se trata de una teoría atrasada a las investigaciones sobre el género de estos días y a lo que sabemos sobre el mismo.
  3. “Las personas autistas tienen habitualmente  nuevo no podemos hacer un análisis homogéneo de una comunidad heterogénea) dificultades para comunicarse con los demás. Este déficit puede contribuir a que otras personas pierdan pistas sociales sobre el género asignado, lo que podría aumentar la posibilidad de desarrollar disforia. En otras palabras, debido a que otras personas no detectan las señales del género asignado a un niño, entonces el niño no recibe un trato concordante con este sexo asignado y, por lo tanto, es más probable que continúe desarrollando disforia.”
    La testosterona influye en la organización del cerebro, pero solo en la organización. No se puede hablar de este tema a día de hoy porque no hay prácticamente estudios demostrados sobre ello, aquí queremos recalcar el hecho de que reducir las diferencias entre hombres y mujeres y su socialización, a una cuestión hormonal nos parece pobre y bastante biologizante respecto a una cuestión estructural como es el género en la sociedad actual. Podemos entender por qué las mujeres asimilamos los roles de género si entendemos cómo funciona el patriarcado, la división sexual del trabajo y los roles de poder; quizá aquí debamos añadir una perspectiva más: El hecho indiscutible de que la comunidad autista ha sido apartada de las esferas sociales y, a menudo, ignorada en todo estudio que hable de socialización.
  4. “La disforia podría ser una manifestación del autismo, y los rasgos autistas podrían conducir a la disforia. Por ejemplo, un niño con el género asignado por el hombre y el autismo puede llegar a preocuparse por la ropa, los juguetes y las actividades femeninas. De hecho, esta aparente disforia puede no ser en absoluto disforia, sino más bien TOC .”
    Esta teoría parecía comenzar bien, ya que daba algo de pie a que fuera por la socialización de la comunidad autista, sin embargo nos parece que ha acabado de nuevo desviando el problema.
  5. “Los niños con autismo pueden demostrar rigidez con respecto a las diferencias de género. Pueden tener dificultades para conciliar la diferencia entre su género asignado y el género deseado. Este aumento de la angustia podría exacerbar la disforia y dificultarles el manejo de estos sentimientos.”
    No nos parece que esta argumentación dé pie a entender por qué la comunidad autista tiene una mayor proporción de individuos transgénero, si no que sugiere (sin poderse concluir nada dada la falta de información) que su dificultad de entendimiento personal puede causar una disforia que sea dañina. Hay que comprender que la transgeneridad no viene dada por la disforia, si no que es la disforia la que a menudo viene dada por la transgeneridad y la sociedad cisnormativa.
  6. “Algunas investigaciones muestran que, a diferencia de la mayoría de los adolescentes con solo disforia, los adolescentes autistas con disforia, no suelen sentirse atraídos por los miembros de su género asignado al nacimiento (es decir, el subtipo no homosexual de disforia). Este grupo de personas puede experimentar síntomas autistas más graves y problemas psicológicos.” Este planteamiento es terriblemente transfobo, pero lamentablemente es una teoría verídica. Tomamos de punto de partida que la sexualidad es definida por nuestro género, no por el género asignado al nacer. Por lo tanto una mujer trans a la que le atraigan las mujeres, será lesbiana (aún cuando esté a su vez con otra mujer trans) y si le atraen los hombres, será heterosexual. Pero además, nos parece absurdo que relacionen la orientación sexual  y la identidad de género entre sí siendo dos cuestiones completamente diferentes. Una persona trans puede tener cualquier orientación sexual.
  7. “En el pasado, algunos expertos argumentaron que las personas autistas no podían formar una identidad de género, esto fue repudiado posteriormente. Sin embargo, la confusión en el desarrollo de la identidad de género o un patrón alterado del desarrollo de la identidad puede contribuir a la disforia. Además, los déficits en la imaginación y la empatía, que son comunes en las personas autistas, pueden dificultar que estas personas reconozcan que pertenecen a un determinado grupo de género.”
    Esta teoría tal vez pueda abrir vías de investigación más claras.  Es significativo ver como antes se consideraba a las personas autistas como personas incapaces de desarrollar una socialización que las llevara a definir su identidad de género, probablemente, como nos pasa al resto de la comunidad discapacitada, empujando a estas personas a una situación enorme de vulnerabilidad y, probablemente desoyendo sus necesidades al respecto.  Aquí veríamos reflejada la problemática que queremos destacar, como las personas autistas son tratadas con condescendencia e ignoradas.

Queremos matizar además que, los nuevos estudios y la comunidad autista, están demostrando que la cuestión no es que no socialicen (porque la realidad es que sí), si no que a día de hoy aún no comprendemos cómo lo hacen; lo que sería un paso importante en la inclusividad de estas personas en la sociedad capacitista y capitalista en la que vivimos. Las personas autistas socializan, se comunican y viven de maneras que aún no comprendemos. Por eso es tan importante escuchar a activistas que alcen la voz sobre estos temas y nos enseñen cómo entienden y viven sus propias experiencias. Sin apartarnos nunca de un enfoque bibliográfico y científico.

Conclusiones

Es evidente que no hay suficiente información para determinar, sin temor a equivocarnos, el por qué de que la comunidad autista tenga una proporción mayor de transgeneridad. Sin embargo y derivado de las investigaciones que hemos realizado, creemos que se trata de una cuestión meramente de invisibilización social, en la que no se escucha las vivencias y las experiencias de la comunidad. Además creemos que su socialización va influenciada por esa invisibilización y el ser recluidos fuera de la sociedad en la que vivimos por su condición de autistas. Algo que nos pasa en múltiples ocasiones a toda la comunidad discapacitada en general, que es una de las problemáticas que vamos criticando desde hace décadas: No se nos escucha, no se nos tiene en cuenta y, sobretodo, no se visibilizan nuestras experiencias y sufrimientos.

Sin embargo, consideramos imprescindible que se haga una lectura más inclusiva a los términos utilizados para la comunidad, tratando de convertir la medicina en un espacio más comprensivo. Un ejemplo al respecto de esto es el término “disforia de género”, si bien se entiende perfectamente la necesidad de un término que englobe las problemáticas con el físico derivadas de una sociedad cisnormativa y patologizante, la comunidad trans reclama que este tipo de disforia no es único a dichas personas, por lo que tratarlo como una etiqueta única de la comunidad, puede repetir por error la transfobia que se pretendía eliminar.

Por supuesto, estas conclusiones son todavía meras conjeturas sin suficiente fundamento para clasificar una problemática, y por supuesto es necesario continuar escuchando a la comunidad y profundizando en la investigación científica para finalizar un análisis de esta situación estadística. Pero parece incompleto hablar de transgeneridad sin analizar un factor como el autismo. Además, estos datos dan pie a comprender cómo puede ser que un gran porcentaje de personas autistas se identifiquen más con géneros que se salen de la norma binaria establecida en la sociedad Occidental. 

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