Daltonismo Racial, el nuevo racismo

El racismo es un tema del que gusta poco hablar y si se hace, se hace de manera superficial ya que trae controversia, estrés y nos hace darnos cuenta de las actitudes racistas que tenemos interiorizadas. Y nadie quiere ser racista, ¿no? Hoy traemos un artículo acerca de la cuestión racial, en concreto, sobre el daltonismo racial que perjudica tanto a la lucha de las personas racializadas y banaliza e invisibiliza nuestras experiencias de una forma que parece tan superficial que apenas se nota el daño que produce.

¿Qué es el daltonismo racial?

“El daltonismo racial es la música racial nueva que todo el mundo baila,  el “nuevo racismo” es sutil, institucionalizado y aparentemente no racial.” – Emilio Bonilla-Silva.

El daltonismo racial es una postura, sobre todo extendida por países con mayoría de población blanca, que se basa en la negación de la visión de la raza y la etnia. Sostiene que la mejor manera de acabar con la opresión es tratar a las personas igual sin mirar hacia la raza y la etnia del sujeto en cuestión. Podríamos resumirlo en la consigna “yo no veo el color”. Al principio no parece una mala postura, ¿verdad? Nadie ve el color, somos todos humanos, no hay diferencias reales que nos separen… Un mundo de en sueño. Por desgracia tenemos que recordaros que estamos en el planeta Tierra a 2018 y seguimos con una sociedad de clases, por lo tanto una sociedad racista y machista. ¿Qué quiere decir esto? Que quizá no hay diferencias reales, pero no somos iguales porque existen desigualdades entre las personas políticamente blancas y las personas racializadas. La personas racializadas estamos en una posición de inferioridad frente a las blancas ya que nos faltan una serie de derechos base y esto es una realidad que no podemos negar.

Espera, espera, espera ¿racializa… qué?

Se entiende la raza como un constructo histórico derivado de procesos de distinción de las personas según una serie de criterios étnicos, ancestrales, fenotípicos… y entendemos el concepto de racialización como el proceso social mediante el cual se establecen diferenciaciones entre los cuerpos, los grupos sociales y las distintas etnias como si estuvieran cargadas de una naturaleza biológica y ontológica que las condiciona.

Dentro de esta diferenciación hay un grupo de personas en una posición de poder dentro del sistema. Estas personas son las blancas. Personas caucásicas y con una etnia euro-blanca. El resto de mortales somos lo denominado como personas racializadas. No somos caucásicos y/o no tenemos una etnia euro-blanca, por lo que sufrimos racismo y todo lo que esto implica. En este grupo entraríamos latinoamericanos, afro-latinos, negros, caribeños, asiáticos, amazigh, árabes, nativos americanos, gitanos, nativos oceánicos… todo grupo no-blanco.

En resumen, una persona racializada es aquella que sufre racismo.

Volviendo al tema, ¿Por qué está mal esta postura?

Vamos a retroceder unos párrafos e ir a la definición de daltonismo racial: “Postura que se basa en la negación de la visión de la raza y la etnia”

Bien, no podemos negar la raza. No se puede. Sí, es un constructo, al igual que el género, pero mientras siga existiendo el racismo no podemos dejar de hablar de esta, ya que sería afirmar que toda la opresión y las discriminaciones que sufrimos las personas racializadas por el hecho de serlo son una casualidad. Porque bueno, si no existe la raza, ¿cómo vamos a sufrir por ella? Por otro lado, negar la etnia es racista en sí. Los no-blancos sufrimos el imperialismo y el colonialismo, aculturación y asimilación cultural debido a la imposición de una cultura euro-blanca. Sufrimos el eurocentrismo que implica que todo se mire desde el punto de vista blanco. Negar las etnias en un mundo eurocéntrico es lo mismo que negar toda etnia no euro-blanca, erradicar lo poco que nos queda a los racializados de una manera aparentemente sutil.

No es una casualidad que cuando pasa un gitano esa señora agarre más fuerte el bolso. No es ninguna casualidad que esos dos machistas blancos acosen a aquellas negras y las fetichicen. ¿Es casualidad que ese grupo de amigos evite pasar por aquel barrio latino? Tampoco es algo casual que en los titulares de los periódicos sea casi más importante si el criminal es racializado que el delito cometido. Que cuando una mujer magrebí entre al autobús nadie quiera que se siente a su lado tampoco es casualidad. No son situaciones individuales, “lo personal es político”. No son casualidad la racialización de la pobreza, que en algunos lugares nos maten a tiros, la encarcelación masiva, los CIE’s, que nuestros países estén destrozados a causa de las bombas o no puedan levantarse por el imperialismo, que la mayoría de prostituidas sean racializadas o migrantes, no han sido ninguna casualidad los genocidios y la esclavitud. La raza y la etnia empiezan a importar cuando las oportunidades entre un grupo y otro cambian. Nos saquean, nos violan y nos matan y esto no es una casualidad. Es culpa de un sistema genocida, capitalista e imperialista. Y si somos tratados así es porque NO somos blancos.

¿Cómo podemos solucionarlo?

A diferencia de los blancos, los racializados no tenemos la suerte de poder olvidarnos de nuestra raza y etnia porque nos persigue vayamos a donde vayamos. No podemos permitirnos el lujo de no verlo porque la sociedad nos recuerda diariamente de forma sutil, o no tan sutil, que no somos blancos.  En el trabajo, en clase, por la calle, de fiesta. En todo momento los racializados de clase obrera tenemos sobre los hombros el peso de serlo y ese peso no desaparece. Quizá si vosotros, compañeros y compañeras de lucha, nos escucháis y veis el peso que llevamos encima este se haga más ligero. No hablo de compartir el peso pues eso, si sois blancos, es imposible sino de que nos ayudéis a luchar para que ese peso se vaya haciendo cada vez más pequeño y desaparezca de una vez por todas. Extinguir el concepto de raza y celebrar las diferencias étnicas, que no tienen por qué ser malas. Para eliminar ese peso que llevamos a las espaldas primero hay que ver que existe, que está ahí, no es algo individual.

Como suele decirse, el primer paso para solucionar un problema es asumir que se tiene un problema. El racismo existe todavía. Es hora de afrontarlo.

Es hora de ver. Es hora de acabar con el racismo.

 

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